Domingo, 26 de noviembre de 2006
Cuidado con anorexia (II)
Por: El Búho
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A través de la historia, los cuerpos siempre han ejercido un poder trascendental entre los seres humanos. Me parece innecesario mencionar a Cleopatra o Helena de Troya, por cuyas carnosidades miles de hombres fueron enviados a morir destripados a punta de lanzas y espadas. Pero es en el siglo XX, cuando el cuerpo femenino se convierte en un ícono de la industria. Antes de las modelos, estuvieron las divas de Hollywood, Mae West, Greta Garbo, Gloria Swanson primero, Rita Hayworth, Ava Gardner y las europeas Sofía Loren y Gina Lollobrigida después. Como podrán darse cuenta, las mujeres que menciono eran pródigas en anatomía. Senos redondos y voluptuosos. Millones pagaban su boleto para ver a la Loren o la Lollobrigida con vestido ingresando al mar. ¿Cuándo se fregó todo? A decir de los latinos, amantes de las curvas y los traseros generosos, fue en la década del 60.

Una inglesita, más flaca que un lápiz llamada Twiggy se volvió un ícono de la moda femenina. Atrás quedaron las mujeres caderonas y de grandes pechos. La nueva moda era piernas flacas, nada de trasero, nada de senos, sólo una cara angulosa y angelical. Claro, quienes dictan y ofician de factótum de la moda son unos redomados cabritillas, que desprecian un buen par de senos o un trasero. Son esos los que dicen ¡¡foo!! cuando una modelo aumenta unos kilitos y le ponen la cruz. 'O adelgazas o te vas'. En sociedades anglosajonas, donde las mujeres son más delgadas, pueden producir esas cadavéricas modelos en serie. La cosa cambia cuando se trata de Latinoamérica, donde de por sí las mujeres exhiben caderas prodigiosas y pechos esplendorosos. Allí se dan los conflictos entre la industria y la naturaleza. Una modelo latina no puede dar con los cánones que exige la industria del modelaje sino se vuelve un fakir. Por eso, la anorexia aparece como la consecuencia de la dictadura de la moda. Por esta razón, una modelo uruguaya y una brasileña han muerto por seguir los dictados de una moda que, en el fondo, no sirve para nada. ¿O acaso ustedes ven por la calle los estrambóticos vestidos que lucen las famélicas modelos? Apago el televisor.

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