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El trágico fin de 'La princesa'
El alma de Alicia Delgado solo descansará en paz cuando la justicia condene a los implicados.
Por: Víctor Patiño
EL ASESINO:
Pedro César Mamanchura Antúnez (...), ex sargento del Ejército. Chofer y guardaespaldas de Abencia Meza primero y de Alicia Delgado, después. Según el informe psicológico de la policía, “es un tipo antisocial, agresivo, que no vacila en hacer daño a otra persona por el solo fin de conseguir un provecho personal. Quiere conseguir como sea e inmediatamente algo que desea. Trata de mostrarse como un tipo interesante, pero no lo consigue, más bien genera rechazo. Es resentido social y tiene un total desprecio por la vida, hasta el punto de ser indiferente, al causar dolor y muerte a otro ser humano. Es un psicópata que sabe muy bien lo que hace”. A un tipo como este contrató Abencia Meza para que sea su chofer y guardaespaldas. ¿Sabría ella lo que hizo Mamanchura aquella madrugada del 18 de octubre del 2003 en el pueblito de Llamellín, provincia de Antonio Raimondi, Áncash? Esa noche, su instinto asesino afloró por primera vez, a sus 20 años, cuando mató cruelmente al trabajador de una parroquia, Flavio Ladislao Castilego Garcilaso (43), después de libar licor y solo porque discutieron por el amor de una mujer. Mamanchura no soportó escuchar que el tío Flavio había estado con la mujer del que él estaba enamorado platónicamente y no dudó en destrozarle la cabeza con un piedrón. Luego, con ayuda de un amigo, intentó desaparecer el cuerpo tirándolo a un barranco. Reconoce que asesinó a Alicia Delgado por encargo de Abencia Meza. Afirma que “ella lo metió como topo, en la casa de “La princesa” para asesinarla”.
LA ACUSADA:
Abencia Meza Luna: (), llamada “La reina de las parranditas”, cantante folclórica. Ex pareja sentimental de Alicia Delgado. Próspera empresaria y agricultora de papas. Se vio envuelta en un escándalo policial en Áncash, por sacar su pistola en pleno concierto y abalear al menor Percy Jara Calhuana. La pistola y el expediente de ese luctuoso suceso estaban en poder de Alicia Delgado, algo que la enardecía. En su perfil psicológico, mostró identificación de modo intenso con el sexo masculino. Es celosa, resentida y rencorosa. Dominante, obsesiva, autoritaria y con tendencias al sadomasoquismo. Según su historia de vida, confesó que en su infancia maltrataba y mataba animales. Pasa del mal humor a la agresividad, a las agresiones belicosas y violentas, que pueden atentar contra la integridad física de terceros. Asegura que es inocente y que Mamanchura la inculpa por chantaje.
LA VÍCTIMA:
Alicia Delgado: () Estrella del folclore, nació en el pueblo de Taucur, Oyón, “donde las mujeres son cholas blancas y riquísimas”, me confesó el desaparecido fotógrafo, el gran Carlos “Chino” Domínguez, quien le hizo una sesión de fotos. Guapa, cuerpona, fue una estrella hasta que se fue a Estados Unidos, donde trabajaba como mesera y los domingos cantaba para los “peruchos” de Paterson, Nueva Jersey. No pensaba regresar al Perú hasta que su marido le sacó la vuelta. Cuando llegó a Lima se dio cuenta que se había convertido en una leyenda del folclore. Abencia era su más ferviente admiradora y se convirtió en su mánager. Un curtido periodista del folclore de esos años de locura, al que yo le creo, me dijo: “Durante años, Abencia no solo mantuvo a Alicia, sino que le compraba ropa y joyas valorizadas en miles de dólares”. Alicia jugó con fuego, porque con “Pistolita” nadie juega”.
AMOR SERRANO
Aquel verano del 2009 Alicia y Abencia, dos cantes folclóricas, eran la “pareja” más mediática de la televisión peruana. La mayoría nunca había estado en un concierto de “La princesa” y “La reina de las parranditas”, pero todos sabían que entre las dos había un “romance” que ambas se habían encargado de “publicitar” en diversos programas de televisión. Increíblemente, desde el lado del folclore andino, soplaban vientos de liberalidad y una verdadera figura del género como Alicia Delgado “salía del clóset”. Era evidente que Abencia con sus blue jeans, botas, camisa de franela y sombrero vaquero, llevaba “los pantalones” en esa relación. Era el “macho alfa”, cosa que quedaría comprobado, meses después, cuando Alicia llegó a la comisaría de La Molina para sentar la denuncia y fue, al programa de Magaly, para denunciar las agresiones de Abencia. Días después, ante las mismas cámaras, “Pistolita” reconoció que le dio “dos cachetadones” y le pidió perdón. En la peor decisión de su vida, Alicia la perdonó. Pero eso es historia reciente, mejor entremos al túnel del tiempo: 1999.
Un año antes del fin de siglo, la pareja se conoció. Bueno, es un decir, pues Abencia había crecido escuchando la música de “La princesa”, cuando era una figura del folclore nacional y ella estudiaba en una escuela fiscal de Huari. Tenía en su cuarto un póster de Alicia Delgado. “La princesa” había viajado a Estados Unidos, pero nunca imaginó que mientras ella trabajaba de mesera en un restaurante de Nueva Jersey, las jóvenes provincianas bailaban sus temas. Menos aún pudo comprender cuando sorprendió a su segundo marido con su mejor amiga en la cama. Tomó el primer avión a Lima, sin saber lo que le podía deparar el destino. Y fue muy trágico. Asistió invitada a un festival. Una desconocida Abencia Meza se le fue encima: “¡Soy tu fan! ¡Siempre te admiré!” “Disculpa, ya no canto”, le dijo Alicia. Abencia tenía negocios, chacras. “Princesa, yo voy ser tu representante. Vamos a comprarte tus polleras”. Nueve años convivieron las folclóricas. Hasta que llegó el final de una relación. Abencia le pegó. Alicia la denunció en la comisaría de La Molina, donde vivían juntas. “La princesa”, pese a estar con Abencia, mantenía una relación secreta con el arpista de su grupo, Miguel Salas. Abencia lo supo cuando “requisó los celulares de Alicia”. Era un toma y daca, porque Alicia también se llevó la pistola y el expediente de la casa de La Molina. Cuando se fue, Abencia le dijo: “Págame los 30 mil dólares que te di, sino vas a salir muerta”.
EL CRIMEN
Confieso que me estremecí, al leer el informe de los peritos forenses. Una cosa es ver la serie “CSI Las Vegas” y otra, ingresar a un caso real. Alicia Delgado había llegado de cumplir un contrato en Juliaca. Estaba feliz, porque había ganado varios miles de dólares y estaba con su nueva pareja, el joven Miguel Salas. Según el músico, temblando ante los policías, terminó por reconocer: “Hicimos el amor tres veces. En Juliaca y en su casa de Monterrico. Abencia me tenía amenazado”. Alicia había revelado, en un programa de TV, que ya había olvidado a “Pistolita con un médico de 25 años”. Todo era falso, el “doctor” era el arpista. El siniestro Mamanchura odiaba a Abencia como a Alicia. Por celular le comunicaba todo a la “Reina de las parranditas”. Ante la confirmación del romance, la despechada Abencia los habría sentenciado a muerte.
Un curtido policía, que estuvo en la escena del crimen, me cuenta: “Señor Patiño, yo vomité cuando ingresé al cuarto del departamento de Surco. Conocía la zona, porque al frente dan las visas para Estados Unidos y a mí me rechazaron. Ahora estaba viendo a un mujerón -porque Alicia era alta- en medio de un charco de sangre”. Tenía dos profundos cortes en el cuello. Terribles. Con tanta fuerza que el cuchillo destrozó la tráquea y llegó hasta la clavícula. El otro le atravesó en canal el cuello. Lo que no entendían los forenses es cómo el asesino, si ya había dado cortes mortales, empezó a seguir acuchillando a la cantante. En las manos, en los brazos y en las piernas. Pero el asesino, no se contentó con eso. Agarró una correa para acabar más rápido con su víctima.
Otro oficial también pide el anonimato: “Una persona del entorno de Abencia Meza nos reveló, al día siguiente del crimen, que Mamanchura estaba alojado en ese pulgoso hotel de Tumbes. ¿Por qué? Abencia creía que la gente que la rodea la quiere y le es fiel. Yo puedo deducir que solo es fiel a su dinero”, me dijo el oficial. Me hizo recordar a Michael Corleone, en “El padrino 2”, cuando balearon el cuarto donde estaba durmiendo con su esposa e hijos y le dijo a su fiel Tom Hagen. “Tom, no confío en nadie, solo en ti. Esos hombres (guardaespaldas) son solo hombres de negocios, su fidelidad es al dinero”... Mismo Mamanchura.
El asesino agarró la caja fuerte y bajó las escaleras tranquilo. Pero cometió un error. El psicópata nunca saludaba a los trabajadores del edificio. “Ese día, me saludó efusivamente. Cuando siempre era un déspota”, relató el trabajador Silvestri Caillahua Huamaní, el portero del edificio.
LA HORRENDA MUERTE
““Ya pues, no jodan. Yo la maté. Abencia me presionaba: ¡Ya, ya! ¿Cuándo, carajo?” Esa mañana aproveché que estaba solo con ella. Tenía celos también, porque se encamaba con ese flacuchento del arpista. La vi de espaldas, su cuerpazo…, pero le fui de frente al cuello. Le tapé la boca y le doy dos cuchilladas al cuello con todas mis fuerzas. Pero ella gritaba y yo le puse un pañuelo en la boca. Gritaba como una loca y yo la seguí hincando en cualquier lado. Me paré y cogí una correa, y terminé por ahorcarla para estar seguro”. Estas palabras son del confeso asesino, tal como consta en el atestado policial…
Ya son las 2 de la mañana y sigo leyendo este voluminoso atestado. Esto salpica. Me siento sucio. Hasta pienso que mis manos están ensangrentadas. Mamanchura sacó la caja fuerte donde estaban la pistola de Abencia, el legajo policial del ataque al menor en Áncash y muchas joyas -casi todas las que ella le regaló en la época de romance almibarado. “Camino como un autómata. Arranco en la camioneta 4×4 de Monterrico, un lugar que odiaba, hasta Puente Nuevo, en El Agustino. Yo esperaba a Abencia, pero ella nunca llegó. Solo un emisario me dijo: “de parte de Abencia, toma este sobre y dame la caja”. Me fui a la carretera y en Fiori tomé el primer ómnibus a Tumbes, pero en verdad, causa, no sabía adónde ir ni qué había hecho”.
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DIEGO BERMUDEZ LOZADA (atilanegro21) comentó la noticia Solano: "Me seduce dirigir la Sub17"Hace 37 segundos