Domingo 23 de octubre 2011 - 07:00
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Pancholón hipersexual

El maestro no pudo con su genio y perdió una vez más por tramposo.

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El Chato Matta llegó al restaurante por un espectacular aguadito de mariscos con choros, conchas y erizos. Bravazo. “María, me timbró el procurador Beto, un chalaco duro y de mil batallas, pero de corazón noble. Es el nuevo discípulo del maestro Pancholón. Lo cuida día y noche. ‘Chatito, vente urgente. Hemos cerrado el local del tío Felipe, hay alitas al limón, whisky en las rocas y carne fresca como a ti te gusta’. Cuando llegué, Pancholón deliraba. Se tomó un vaso lleno y contó una historia alucinante. ‘Causita -me dijo-, estoy bajoneado. Hasta el más grande mujeriego pierde alguna vez. Te conté que hace unos meses me volví a ver con Jackie, la mujer que me marcó en la adolescencia. Fue el amor de mi vida, pero me traicionó con el Cholo con plata de la televisión que le puso casa y carro. Billetera mató galán. En ese tiempo, yo era universitario misio y viajaba en mi rico bus. Desde ese día juré nunca más enamorarme y lo peor es que me volví partidor. Cada vez que veía a un gil con su mujer, me entraba el ‘gusano’. Me relamía la lengua, pateaba debajo de la mesa.

A Jackie la vi después de 25 años y la encontré madurita. Toda una señora de las cuatro décadas en su punto. Se había casado y divorciado de un italiano que le dejó una mansión y una cuenta de miles de dólares en el banco para ella y su hijo que, la firme, se parece a mí. Ella se portaba muy generosa conmigo, me compraba sortijas de oro, ropa y hasta arreglaba mi camioneta cuando se malograba, pero tenía un gran defecto: ¡¡era enferma de celos!! ‘Pancho, te amo y sé que eres movidito, pero a mi edad ya no estoy para huev… ni que me dejes en ridículo. Ya sé que a tu carro le dicen ‘La sartén’, porque ‘chica que sube, está frita’. Pero si te ampayo, mueres para mí. Mis ‘detectives’ ya saben todos tus movimientos y ‘diligencias’ en La Posada. Pucha, causa, durante semanas me estuve cuidando y trampeaba asustado. Tú sabes que soy hipersexual y me aguantaba. Pero la otra noche me llamó mi ‘caballo grande’. Ya le había perdido el rastro, porque se había ido de viaje con el gilazo de su novio a Miami. ‘Pancho -me dijo el hembrón-, estoy de pasadita en Lima, porque me voy a Machu Picchu. Quiero verte, extraño tu salto del chanchito. Hazme tuya, papi. Siempre serás el hombre de mi vida, así me case con otro…’. No lo pensé dos veces. La flaca se había hecho la liposucción y estaba mejor que nunca. Me estaba esperando echadita en la cama. De frente me dijo: ‘Gordito, brindemos por mi matrimonio’. Hicimos el amor como locos. Una y otra vez. Parecía película porno. Terminé peor que el ‘Loco’ Vargas ante Chile. Matadazo. Ella me hizo su famosa danza árabe y yo casi reviento el catre cuando me tiré desde la cómoda. Después me quedé dormidito. Al día siguiente, fui de lo más fresco a la casa de Jackie, quien me recibió con un cachetadón y me enseñó unas fotos tomadas de un celular. Allí estaba yo echadito con mi ‘caballón’. Otra donde estábamos calatitos. Ella misma le había mandado las fotos a su correo. Y ¡¡encima las colgaron en ese estúpido Facebook!! ‘¡Fuera, tramposo! ¡Rata, basura! ¡Cochino sinvergüenza!’, me gritó y me arranchó la cadena de oro de 30 gramos que me había regalado. ‘Chato, perdí. Trampear es mi vida y así moriré”. Pucha, ese señor Pancholón se pasa. Me voy, cuídense.

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