Sábado 29 de octubre 2011 - 07:00
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Mes de temblores

El fotógrafo Gary recordó el violento sismo que destruyó el Callao en 1746.

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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo saltado jugosito con tiras de ají amarillo, arroz blanco y perejil picado. “María, el terremoto de
6,9 grados que sacudió ayer Ica parece que no provocó muertes, pero sí numerosos daños materiales y un gran susto que, la verdad, deberíamos tener presente, ya que nuestro país siempre ha sufrido y sufrirá fuertes sismos, por lo que debemos estar preparados. Como para que nadie dude que octubre es el ‘mes de los temblores’, un día como ayer, un viernes 28 de octubre, pero de 1746, ocurrió el terremoto más devastador de nuestra historia, solo superado por el de Arica en 1868, cuando aún era parte de nuestro país. Comenzó a las 10:30 de la noche y duró cuatro minutos, o sea fue increíblemente largo. Tanto que destruyó toda la ciudad que en ese tiempo tenía 60 mil habitantes y unas tres mil casas. Encima, un maremoto se tragó el Callao entero, pero en la capital nadie sabía nada. Toda la madrugada los gritos de espanto y dolor de los atrapados y heridos, que no podían ser rescatados, atormentaron a los limeños.

El amanecer fue de espanto, pues los habitantes descubrieron horrorizados que solo 25 casas quedaban en pie. Había entre 15 mil y 20 mil muertos, pero eso lo conocerían después. Encima, comenzaron a llegar los primeros rumores sobre la destrucción del primer puerto. Por eso, el virrey José Manso de Velasco mandó hombres a caballo al Callao, quienes al llegar creyeron estar ante el Apocalipsis: Tras el terremoto, dos olas gigantes barrieron todo lo que encontraron a su paso. De los cinco mil chalacos que había, solo sobrevivieron 200. Luego del terremoto de
ayer, ¿cuándo será el siguiente? Eso no lo sabe nadie, pero de lo único que podemos estar seguros es que sucederá, pues el Perú está en el ‘Cinturón de fuego’
del Pacífico. Lo único que nos queda es estar preparados. Así que si construye su casa, hágala lo más fuerte y segura posible, con buenos materiales y un ingeniero.
Toda familia debe tener al menos una mochila con un botiquín de primeros auxilios, comida enlatada, linterna, radio a pilas, dinero en efectivo y algunas herramientas. Esa mochila, que puede salvar vidas, debe estar a la mano para ser cargada de inmediato cuando se corra a la calle. También hay que tener agua en botellas de plástico o bidones y marcar las vías de escape en el hogar, el trabajo o donde pasemos bastante tiempo”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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