Domingo 30 de octubre 2011 - 07:05
  • 0
  • 1963

Asustaron a Pancholón

El incorregible Pancholón se llevó el susto de su vida.

Imagen

El Chato Matta llegó al restaurante por un seco de cabrito con frijoles. “María, recibí una llamada urgente de Pancholón. ‘Chato, sálvame. La loca Miluska me ha secuestrado en La Posada… tiene una ¡¡pistola!! Estoy en el baño. ¡Me va a matar!’
En eso sonó ¡plummm! y Pancho gritó: ¡Noooo, perdóname! Después escuché la voz de la terrible loca Miluska en el teléfono: ‘Chato, eres caballerito y legal, no como esta basura de tu amigo. Y me contó su alucinante historia… Tú sabes que yo me iba a casar con Cachito, un prestigioso ingeniero. Incluso te mandé el parte a ti y a Pancho. Pero una semana antes el gordo me timbró. ‘Loquita, te voy a dar tu despedida de soltera. Click’. No pude resistirme. Tu amigo sabe cómo seducir
a una mujer. Me llevó a un grifo por la Costa Verde y me invitó un roncito. Con él la pasas bien, Cachito es mongo, solo habla de carros de lujo. Esa noche, Pancho me mordió la orejita y como jugando me llevó al hotel. Todavía el muy sinvergüenza
me dijo: ‘Esta es La Posada, el hostal de los infieles’. Me hizo feliz con su salto del chanchito. Pero nunca le perdonaré que me haya engañado. Cuando yo gritaba de placer, me juró: ‘Tú siempre serás mi mujer, deja a ese tarado de Cachito y cásate conmigo’. No sé qué pasó por mi mente, pero tiré al tacho cuatro años de noviazgo con un hombre bueno y un departamento amoblado en Miraflores por quedarme con tu amigo. Al principio bien, todo era cariño y me iba a recoger a mi casa. Es un enfermo del sexo, a cada rato lo quiere hacer. Pero poco a poco se fue alejando. Me decía que tenía diligencias o que se iba a provincias. Mis amigas me contaron que andaba con una bailarina que salió en la televisión con el ‘Chemo’ Ruiz. Una noche lo seguí y lo vi entrar a La Posada con esa chibola. Le pagué 20 soles al cuartelero y escuché cómo gritaban de placer. ‘Así, así, sigue Panchito, uuuuuyyyy. Aahhhh, sigue sigue. Nooooo… Me dio rabia, no aguanté y toqué la puerta: ‘Quién es’ -gritó Pancho. ‘Pisco sour, cortesía de la casa’, contesté. El gordo abrió calato y le apunté en la cabeza. ‘¡Entra basura! y tú, por la bailarina, fuera de acá, agarra tu calzón y desaparece. Y ni se te ocurra llamar al Serenazgo. ‘¡No amiga, no voy a decir nada! Además, Pancho también me engaña con una de mis amigas del grupo’. Pancholón gritó ‘¡traidora de m…’, pero no terminó, porque le metí un cachazo en la cabeza. Chato, voy a matar a tu amigo. ‘¡Sálvame!’, gritaba. ‘Miluska -le dije-, estoy a cinco minutos del ‘telo’. Espérame, tengo algo que decirte personalmente’. Llegué y la llevé a un costado. ‘Milu, te voy a revelar un secreto. Pancho está enfermo, tiene una grave enfermedad al colon. Los médicos le han dado pocos meses de vida. Mejor déjalo que sufra’. ‘Tienes razón. Ese maldito no merece morir rápido. Me voy, pero primero voy a llamar al Chino del Callao para agradecerle el dato. Fue él quien me dijo que Pancho salía con esa bailarina. Chau, Chato. No te portes mal porque todo se paga en esta vida’”. Pucha, pobre Pancholón, está traumado. Me voy, cuídense.

Más sobre:

columna-smaria