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Pancholón en la clínica
El Chino del Callao comentó que Pancholón está destruido y piensa que se va a quedar impotente.
El Chato Matta llegó al restaurante por un sabroso arroz chaufa de mariscos y su jarra de chicha morada heladita. “María, me timbró el Chino del Callao. Estaba arrepentido. “Chato, perdóname, metí la pata. Nunca debí decirle a la loca Miluska dónde podía ubicar a Pancho, jamás pensé que iba a ponerle una pistola en la cabeza en La Posada. El maestro está ahorita en el hospital. Después del ataque de la loca, se recuperó y al día siguiente se fue con Maribel, la empresaria del Callao, a La Posada. La morena fuertota de 25 años, aparte de jugar una pichanguita con el gordito, iba a proponerle un negocio para que el abogado tramposo gane 10 mil dólares.
Pancho sabía que tenía que hacer un faenón, hacerla vibrar. Iba a matar dos pájaros de un tiro. Campeonaba en la cama y se ganaba un billetón por sacar una mercadería de contrabando del muelle sin pagar impuestos. Pero le pasó algo horrible. Esa noche, como nunca, el “muñeco” no se levantaba ni con grúa. La zamba, con tres pisco sour, estaba hecha una loba y se le tiró encima al gordito. Pancholón sudaba frío. La empresaria se sintió estafada: “Pancho, tienes buen asesor de prensa. Te ha hecho fama de insaciable en la cama, pero veo que no le metes un gol ni al arco iris. Nos vemos. Olvídate del negocio. Contigo no pasa nada”.
Pancho no se palteó. Debe ser el estrés. Timbró a una de “Las terribles de San Martí”. Sheila es una licuadora humana que es capaz de levantar hasta a Matusalén. Pero esa noche la fogosa Sheila también se fue tirando la puerta y gritó en la recepción para que escuchen el administrador y el cuartelero. “Pancho es un fiasco, el gordito ya fue”. Humillado, salió de frente a la cochera. Buscó al procurador Beto y le contó su problema: “Panchito, reconócelo”, le dijo su fiel escudero. “Ya es hora que uses un pastillón”. Pancho se llenó de valor y mandó un mensaje de texto a su “Caballo grande”. El mujerón llegó en 20 minutos y le dijo: “Ven, mi tigre. Ven a darle cariño a tu bebita”. Pancho se tomó la pastilla en el baño y saltó a la cama. Sentía que la cabeza le iba a estallar. Pero antes de llegar sintió ¡¡pumm!!, como si hubiese recibido un golpe de Mike Tyson en el cerebro. Despertó en la clínica. El doctor Chotillo y el Chino del Callao estaban a su lado matándose de risa. ‘Pancho, la libraste.
El cuartelero le entregó a los bomberos una caja de pastillas. ¿Cómo se te ocurrió tomarte un Viagra de a 100? Varios tíos han llegado fríos por esa pastilla azulita. Encima, estás con los triglicéridos altos, el colesterol en 500 y la glucosa en más de 400. Nada de sexo por tres meses y dieta estricta hasta que bajes de peso’. “Noooooooo”, retumbó en la clínica. ‘Es peor que una pesadilla’. Chato -me dijo el Chino- anda a visitarlo. Pancholón está destruido y piensa que se va a quedar impotente”. Pucha, qué terrible historia. Me voy, cuídense.