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La muerte de 'Patty'
El fotógrafo Gary comenta el triste final de este travesti en manos de un desquiciado sujeto.
El fotógrafo Gary llegó al restaurante por un olluquito con charqui, carne de chancho, camotito y arrocito blanco bien graneado.
“María, me encontré con el famoso ‘Sonámbulo’, el mítico periodista de Policiales. Nunca trabajó en otra fuente que no sea la crónica roja. ‘Gary -me dijo el maestro-, con tantos años cubriendo las madrugadas, me he dado cuenta que los seres humanos, cada vez, se vuelven más salvajes.
Ríos de sangre corren en las polladas, en las esquinas donde andan los pandilleros. Hasta en los dormitorios, donde una pareja debe amarse, se acuchillan, se tiran agua hervida o disparan a matar por celos.
Por eso odio la sangrecita de pollo, la gelatina de fresa o el vino tinto. Pero hay crímenes que parecen copiados con papel de calcar, son los asesinatos de travestis. Cada mes hay que levantar el cadáver de un gay. Puede ser en su departamento, en su cuarto o en su salón de belleza.
Por lo general, hay alcohol y drogas. En un momento de la madrugada, el ‘amigo’ del travesti, a veces un tipo que conoció por primera vez en una fiesta o discoteca, se vuelve una bestia. Exige dinero, el gay se aleona y lo bota. Grave error. A esa hora, su vida no vale nada. El achorado es dueño de la situación. Lo mata estrangulándolo o a cuchilladas.
Gary, he visto decenas de casos como estos. El robo es el móvil. Pero me extraña el crimen de ‘Patty’, el sábado, en Comas. El finadito era un conocido travesti que se prostituía en los antros del Cono Norte. Hace cuatro meses lo conocí. Eran las 3 de la mañana y me llamaron: ‘Sonámbulo, hay un gay muerto en la avenida El Retablo’. Fui y era ‘Patty’. No estaba muerto. Un ratero le arrebató su celular y, por perseguirlo, lo atropelló un auto. Se salvó de milagro.
Pero el último fin de semana ya no tuvo tanta suerte. Lo vi tirado en una calle. Con su clásica malla negra y su minifalda. Lo habían ‘cosido’ a cuchilladas, pero una fue mortal, en el cuello. Entrevisté al único testigo. Un taxista asustadizo. “Los recogí en la esquina de la discoteca más maleada de la zona y me pidieron ir a San Felipe. Pero en el trayecto, el travesti y su pareja, un tipo fornido, joven con bividí que dejaba ver unos brazos curtidos por el gimnasio, empezaron a pelear. Aunque no lo crean, el travesti era el que gritaba más y amenazaba al muchacho. Yo me asusté y paré en seco: ‘Bájense, no me paguen nada. Peléense afuera’.
Me paré y de lejos vi cómo el achorado lo golpeaba. Pensé que era con sus puños. Nunca imaginé que lo estaba acuchillando”. Gary, en la madrugada, algunos seres humanos se comportan peor que los animales salvajes”. Pucha, qué horrible caso. Me voy triste. Cuídense.