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Sida en las cárceles
El fotógrafo Gary relata la triste historia de un preso que se contagió de esta enfermedad.
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un pollito al vino con papas sancochadas, arroz bien graneadito y una jarra de chicha morada al tiempo. “María, resulta lamentable que, en los centros penitenciarios de Lima y Callao, no solo aumenten los casos de tuberculosis, sino también los del temible Sida. Según un informe del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), más del 70% de casos de la llamada “peste rosa” se presenta en las cárceles limeñas y chalacas.
La verdad es que esta información es gravísima. Y una de las causas de que esto se origine es el hacinamiento que existe en los penales del país. Ha llegado el momento que se privatice el sistema penitenciario, ya que con ello se abre la posibilidad de que se edifiquen nuevos reclusorios, donde realmente se logre readaptar al preso para que se reincorpore a la sociedad. Caso contrario a lo que ocurre ahora, donde al salir de la prisión, los delincuentes salen más malditos. Es como si entraran a una ‘escuela del mal’ y salieran con ‘todos los honores’ para convertirse en avezados ladrones y asesinos.
Recuerdo que en mi cotidiano camino en busca de la noticia, una mañana llegué hasta las afueras del penal “San Pedro” (‘Lurigancho’). Allí conocí a una muchacha que lloraba desconsoladamente. Nadie se le acercaba, así que decidí buscarle conversación. Primero, me miró con desconfianza. Luego, se soltó y empezó a contarme que su hermano estaba preso hace cinco años. ‘Él era un chico tranquilo, pero las malas juntas lo llevaron por el camino equivocado. Su primer ingreso fue por robo con arma de fuego. Pensamos que al estar adentro se iba a readaptar, pero salió peor. Ya no le hacía caso a nadie, volvió a delinquir y adentro empezó a drogarse con pasta básica de cocaína que lo fue consumiendo. Mi mamá, pobrecita, sufre mucho y yo vengo a traerle su comida cuando puedo porque tengo dos hijitos. Pero mi llanto no es porque esté tras las rejas, sino porque le han detectado que está infectado de VIH. Él cree que lo contagió una prostituta que ingresaba cada mes al penal y cobraba 5 soles por sus servicios. Adentro no hay medicinas y está abandonado a su suerte, porque nosotros no tenemos plata para ayudarlo’, me relató y la verdad se me escarapeló el cuerpo, ya que también me contó que dentro de las cárceles venden la droga muy barata y hay reos homosexuales que saben que están enfermos, pero igual sostienen relaciones con otros reclusos. Hay que hacer algo ya”. Pucha, es escalofriante lo que cuenta mi amigo. Me voy, asustada. Cuídense.
