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Angelito vivía un infierno y nadie la salvó
Una madre promiscua y malvada, que tenía 5 hijos con cuatro hombres diferentes torturó y asesinó a su propia hija.
El salvaje y brutal asesinato de la niña Pierina, de solo 9 años, a manos de su desalmada madre Isabel Mirella Tello Chanduví (31), es el terrible final de una crónica de una muerte anunciada. La pobre niña nació y murió en un triste destino circular. La filicida de San Miguel ya había intentado matar a su hija apenas nació. Fue en Piura, según le contó a los agentes de homicidios el destruido padre de la menor,* Alfredo Manuel Cardoza Curay* (47). “Cuando mi menor hija Pierina recién había nacido, la quiso arrojar de las escaleras y todo porque no quería que yo vaya a trabajar. Tenía celos enfermizos”, reveló. El fatal destino circular se cerró para la desafortunada menor, en un departamento de San Miguel con una muerte atroz.
SE VEN LAS CARAS PERO NUNCA EL CORAZÓN
El papá nunca imaginó que aquella guapa paisana de 20 años podría destruirle la vida. Él era un hombre trabajador, empleado de una empresa de seguridad. La vio joven, guapa, blanca y perdió la cabeza de curtido cholo piurano. Había escuchado muchas cumbias y pasillos en su Castilla natal, pero nunca una salsa como “Plástico” de Rubén Blades y Willy Colón. Si hubiera puesto atención a la letra: Se ven las caras, vaya/pero nunca el corazón”, no habría pasado de un vacilón con la chibola regalona. Isabel Mirella a sus escasos 20 años, cuando empezó a convivir con Alfredo, ejerció una terrible dictadura disfrazada de celos. Mientras este “se rompía el alma” trabajando, ella lo jodía. Lo desesperaba, lo agredía, aparentando ser una joven celosa “que cuidaba a su hombre”. “Era una mujer agresiva. En la calle cogía piedras y me las arrojaba. En otra ocasión, en mi trabajo, rompió el vidrio del escritorio con una regla de fierro delante de la gente”. Pese que el hombre era 16 años mayor, la muchacha le había “comido el cerebro”. Pero toda la rabia y bronca que sentía por su agresiva pareja se le borraba cuando ella lo arrastraba a la cama. “En otra ocasión, cuando tenía que ir a trabajar, cogía la llave de la casa y se la metía en la boca. Buscaba la sinrazón para discutir”. Pero el piurano se equivocaba. Su joven conviviente sí tenía razones para buscarle la bronca y hacerse la molesta. Con el dinero que le daba su pareja “para el diario”, ella se desaparecía con rumbo desconocido. “Se iba de la casa sin razón aparente. Salía y retornaba con signos de haber bebido licor”, reconoce ahora con rabia el papá de Pierina.
El atribulado padre de familia no contó que esa jovencita, por la que perdió la cabeza, tenía ya dos hijos pequeñitos que criaba su abuela, Álvaro Gustavo y Marcelo Sebastián, que en aquel momento tenían dos y un añito, de un anterior y fugaz compromiso: el chiclayano Gustavo Silva Vázquez, quien la conoció adolescente, a los 17 años, pero no aguantó su violento carácter y, después de tener dos hijitos con ella, se fue, limitándose a mandarle dinero a la abuela para la manutención de los menores. Pero fueron ellos los que pagaron las consecuencias, pues su madre los abandonó para vivir con Alfredo Cardoza, el hombre experto en seguridad con el que pensaba resolver todos sus problemas económicos. La abuela materna, Bertha Chanduví, se quedó a cargo de estos dos niños, pese a que, según testimonio de Alfredo, a ella “le gustaba consumir licor. Yo la he visto varias veces en estado de ebriedad, inclusive cuando me enteré por las noticias de la muerte de mi hija, fui a su casa en Castilla y la encontré borracha. Incluso, agredió a mi esposa y me amenazó de muerte”.
CINCO HIJOS CON CUATRO MARIDOS
Dos años después, Isabel Mirella llevó a vivir a Pierina a la casa de su madre y la niña convivía con sus dos hermanos mayorcitos bajo el cuidado de la abuela. Isabel Mirella hacía vida de soltera, dormía en el día y salía todas las noches. Los únicos años de felicidad de la niña, tal vez, fueron hasta los cinco o seis. El poco contacto con la madre -que viajaba a Chiclayo o Lima “a trabajar”- permitía que la infante pueda contactarse con la familia de su padre. Inclusive él mismo iba a recogerla al colegio: “Era una niña sana física y mentalmente, yo siempre iba a su colegio “Félix Seminario”, en Castilla, para ver su evolución y nunca me dijeron que había algo anormal respecto a su conducta. Por el contrario, tenía buenas calificaciones”, recuerda el papá.
Pero todo cambió cuando Alfredo Cardoza se casó con Carla Morales en el 2009. A partir de esa fecha, Isabel Mirella cada vez que llegaba ebria o se levantaba con la resaca, comenzaba a agredir a su hija de 7 añitos. Pierina era morochita, el vivo retrato de su padre. Las palizas seguían sin cesar. La mayor parte la recibía Pierina, pero también sus hermanos mayores eran presa del brutal maltrato de la desalmada madre. Cada vez que les pegaba, gritaba: ¡Sus padres son una basura, por qué no se mueren! Pero en abril de ese año, a la mujer se le pasó la mano al golpear a Pierina con un ladrillo y azotarla a latigazos. Fue la propia abuela y madre de la filicida, quien la denunció en la Comisaría de Mujeres “por maltrato físico y psicológico a sus hijos”. Esta situación se mantuvo hasta el año siguiente. Pierina, de 8 años, ya les contaba a los parientes de su padre que su mamá la agredía todos los días. Pero la maquiavélica mujer ya tenía establecido un plan. De ninguna manera Pierina podía irse a vivir con su padre. No porque la amara ni la quisiera, sino porque iba a ser la niña quien se iba a encargar de cuidar a otros dos niños que tenía en Lima. Pensaba tenerla como sirvienta. Estos chicos tenían un año, fruto de su relación con Richard Jonathan Nieto (25) y otro, Nazareno, de tres, concebido de su relación con un policía casado, José Navarro Zapata. Isabel ostentaba el triste “récord” de tener ¡cinco hijos con cuatro padres diferentes! Y a todos los conservaba en “su poder” para sacarles manutención a sus ex parejas, sin importarle que los infantes estuvieran en el peor de los abandonos físicos y psicológicos.
AMORES PERROS
A Jonathan, su último conviviente, lo conoció en la discoteca “La Calle 8”, del Centro de Lima, en el año 2007. Jonathan, de 21, fue seducido por Isabel, seis años mayor, en propias palabras de Nieto: “Esa primera noche me retiré con Isabel a su minidepartamento y me acosté con ella hasta las 11 de la mañana”. Esa relación terminó en un matrimonio fugaz y tormentoso. Con denuncias de maltrato físico de parte de ambos. Cuando apareció el cuerpo asesinado de Pierina y ambos fueron detenidos, la pareja demostró el odio que se tenía. Jonathan le contó a la policía que su pareja no solo lo agredía físicamente a él sino a todos sus hijos, sobre todo a Pierina. Además, reveló que su esposa “ejerce la prostitución clandestina en la cuadra dos de la avenida Arequipa, cobrando la tarifa de cien soles, ganando la suma de 500 soles diarios. Además, llevaba chicas a un hostal y por cada cliente cobraba 50 soles”.
Ella, a su vez, quiso vengarse de él mintiendo, acusándolo de haber violado y asesinado a su niña. La espeluznante sangre fría de la filicida quedó demostrada cuando, al percatarse de que su hijita había muerto por los terribles golpes que le propinó, le introdujo un objeto en sus partes íntimas y se fue “a tomar desayuno” para hacer creer que su marido o algún vecino ingresó a la casa mientras ella no estaba, la violó y la mató.
LA INJUSTICIA DE LA JUSTICIA
¿Por qué una madre podría odiar tanto a su hija? En realidad, Isabel Mirella maltrataba a Pierina para atemorizarla al punto de que, si su padre entablara una acción legal y le dieran a escoger a ella con quién quería vivir, esta dijera que con su mamá. La tenía aterrorizada, sabiendo que una niñita de 9 años no podía tener la fortaleza para enfrentarse contra una madre tan desalmada y abusiva.
Los temores de la asesina eran fundados. Efectivamente, el papá de la menor le contó a la policía: “Veía a mi hija con hematomas en la espalda, piernas y cuando le preguntaba sobre estos moretones, mi hija se quedaba callada, posiblemente por miedo”. Estando ya casado, Cardoza, en agosto del 2010, inició la demanda por la custodia de Pierina ante el Segundo Juzgado de Familia de Piura. Pero el juez Edwin Álvarez, según denuncia Cardoza, “increíblemente le dio la custodia a su abuela, sabiendo que allí vivía la mujer que le pegaba a diario como bien lo denunció mi hija en la Comisaría de Menores. Ella tenía todo conmigo. Amor, tenía todo lo que no tenía con su madre. Sin embargo, el juez prefirió esto antes que dármela a mí. Yo voy a denunciar a esas personas que por su negligencia permitieron que esas mujeres se fuguen a Lima con mi hija y termine brutalmente asesinada”. Sus lágrimas las acompañó todo un país que exige la más drástica de las condenas para un ser imperdonable.
