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Amen y cuiden a sus hijos (II)
El fotógrafo Gary dice que hay que denunciar cualquier caso de maltrato infantil.
El fotógrafo Gary llegó por unas cachemitas fritas con papas sancochadas, arroz blanco, salsa criolla, rocotito molido y chicha morada. “María, dicen que al infierno no se va cuando se muere, sino que se padece en vida. Pienso que ese infierno lo viven millones de niños maltratados en el mundo. Para tener una idea del terror, la angustia y el sufrimiento de estos pequeños, solo basta retroceder hasta el día en que por primera vez nuestros padres nos dejaron solos -casi siempre fue a la fuerza y con llanto desesperado-, en el aula del nido o el primer grado. Para muchos fue una experiencia traumatizante, imposible de olvidar.
Los sentimientos de desamparo y miedo, son enormes. A los tres, cinco o seis años, la vida de un niño gira en torno a sus padres. Para un pequeño, el papá, la mamá, son seres enormes, gigantes -en tamaño y poder- que lo protegen y aman, que le dan seguridad. De ellos depende para todo: alimentarse, recibir amor, abrigo y protección de los peligros.
¿Pero qué pasa cuando ese padre, esa madre lo golpea, humilla, viola o tortura sin compasión? Cuando eso ocurre, ese niño, sencillamente, siente que es el fin del mundo, de su mundo. No tiene a quién recurrir. Según cifras del Ministerio Público, el año pasado fueron registradas cerca de 120 mil denuncias por agresiones físicas y psicológicas dentro de la familia. Pero los casos que no se denuncian son muchos más. Y entonces, tenemos que los hogares de miles de peruanos no son espacios donde reina el amor, la solidaridad, el respeto y la enseñanza de valores, sino los golpes, insultos y humillaciones. Son centros de terror donde se fabrican monstruos.
Isabel Mirella Tello, la mujer que mató a Pierina, su propia hija de nueve años, fue a su vez maltratada cuando era una niña. El círculo de la barbarie se perpetúa y nuestras autoridades hacen poco o nada por evitarlo. Podemos estar seguros que habrá casos más terribles como el de Pierina y tantos otros pequeños anónimos abusados por sus padres o tutores. En este tema, todos somos responsables. Si en el barrio se sabe que hay un niño maltratado, nadie puede callar porque entonces sería un cómplice”. Mi amigo tiene razón. Me voy, cuídense.
