Martes 29 de noviembre 2011 - 07:40
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No dejes que te dé Sida

El fotógrafo Gary manifiesta que el avance de esta penosa enfermedad aumentó en el mundo.

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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó por una jalea de mariscos con yucas fritas, salsa criolla y bastante limón con una chicha morada. “María, el avance del temible Sida en el mundo es incontenible. Se cree que existen unos 50 millones de infectados y la cifra sigue creciendo. En nuestro país, se calcula que hay unos 28 mil casos y, según el Ministerio de Salud, el 97% adquirió esta mortal enfermedad por transmisión sexual. Por eso, es fundamental el adecuado uso de preservativos, lo que reduce el riesgo de contagio entre un 90 y 95%.

La otra alternativa, la más segura, es ser fiel a la pareja. Lamentablemente, muchos no quieren saber nada de esta alternativa. El Sida mata, pero pese a saberlo, muchas personas, especialmente hombres, se niegan a usar condón. Vale remarcar la diferencia entre VIH y Sida. Se dice que una persona padece Sida cuando su organismo, debido al VIH, no puede ofrecer resistencia a las infecciones. Es decir, alguien con VIH es seropositiva (portador del virus que está en estado latente, pero aún no padece la enfermedad), y pasará a tener Sida
cuando sus defensas bajen tanto que lo dejen indefenso a cualquier infección que terminará matándolo.

Hasta hoy no existe cura, aunque un grupo de científicos españoles acaba de asegurar que ya la encontraron, pero que tardará al menos cinco años en sacarla al mercado. Cada vez que escucho la palabra Sida; de inmediato recuerdo a un buen amigo músico que hace años murió víctima de esta penosa enfermedad. No diré su nombre, solo que por él suspiraban las chicas, las maduritas y hasta gays. El tipo era pintón, alto, fornido, joven y de ojitos claros. Después de cada concierto de su banda de rock, se daba el lujo de escoger a una entre varias de sus fans que le rogaban para irse con él.

“Jamás uso condón, va contra mis principios”, decía riéndose. Se sentía en la cima del mundo y estaba convencido que cualquiera podía contagiarse, menos él. Como tenía que suceder tarde o temprano, contrajo el mal y después de pocos años su final fue muy triste. Tirado en un sucio colchón y sin dinero para comprar medicinas. Hasta hoy provoca llorar. Ninguna de las que se peleaban por sus caricias volvió a aparecerse. Claro, se había convertido en una piltrafa, se le caía el pelo y tenía horribles heridas en el pecho y la espalda. Era muy duro
verlo en ese estado. ¿Cómo una persona puede convertirse solo en despojos? Solo sus padres estuvieron con él hasta el final. El Sida mata sin compasión”. Qué terrible. Me voy, cuídense.

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