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Asesinos de policías
El fotógrafo Gary dice que a los que atacan vilmente a los policías, deben darles las penas más duras.
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un sudado de pescado con papas, tomate, arroz blanco, rodajas de rocoto, limón y una chicha morada fresquecita. “María, nuestro país debe ser uno de los pocos del mundo donde los delincuentes matan policías como si se tratara de un deporte. Eso sucede porque a estos indeseables asesinos no les espera un castigo ejemplar. Acá, a los representantes de la ley, no se les respeta.
En lo que va del año, al menos 11 agentes han perdido la vida a manos de malditos, según fuentes de la misma Policía. Pero esas cifras no son tan reales, porque se trata solo de los casos que esa institución ha podido resolver. En la misma Policía señalan que, por lo menos, serían 40 los efectivos asesinados. Lo más triste es que muchos de estos agentes estaban trabajando en su día de franco como personal de seguridad de alguna empresa. Además, no tenían chaleco antibalas ni municiones. O sea, esas mismas empresas que los contratan no los respetan ni como policías ni como seres humanos, porque simplemente les pagan un dinero y después los mandan a la calle a que se jueguen la vida como puedan. ¡Increíble!
Hace unas semanas, una pareja de jóvenes ebrios, al parecer de buena posición económica, fueron grabados en una comisaría golpeando e insultando a su antojo a los policías que los habían detenido. Indignaba verlos, pues los agentes aguantaban resignados lo que les cayera, porque la experiencia les ha enseñado que, en ocasiones, hacer respetar su uniforme les puede costar caro: desde un cambio de destino a la puna o la selva, hasta la destitución y el encierro en una prisión. Esta pareja se dio el ‘lujo’, encima, de denunciar a los policías ¡por abuso! Lo grave del caso es que el Estado no mueve un dedo para remediar esta situación.
En realidad, no debería extrañarnos, pues cuando un policía muere en el cumplimiento de su deber, muchas veces su viuda e hijos tienen prácticamente que mendigar sus derechos durante largo tiempo, recibiendo desprecios y humillaciones. El mayor Felipe Bazán desapareció durante el ‘Baguazo’ en la primera semana de junio del 2009, y su padre hasta hace poco salía en los medios exigiendo que lo busquen porque la Policía y el Estado lo olvidaron como si fuera cualquier cosa. Si así tratan a un mayor, qué será de los suboficiales.
El Estado tiene la obligación legal y moral de cuidar a los hombres y mujeres que visten el uniforme y arriesgan su vida todos los días para defender a nuestra sociedad. Y a los que atacan vilmente a los policías, deben darles las penas más duras”. Mi amigo tiene razón. Me voy, cuídense.
