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Las historias de Pancholón
El Chato Matta dice que un verdadero hombre nunca debe perdonar una infidelidad.
El Chato Matta llegó al restaurante por un espectacular cebiche de conchas negras. “María, el gran Pancholón me envió un mensaje de texto. ‘Chatito, estoy donde Felipe con un whisky etiqueta negra, escuchando al gran Cano Estremera. Baja ahorita’. Fui volando. Llegué y Pancho tomaba mirando al vacío. Estaba sin mujeres. ¡Increíble! ‘Chato, hay cosas que ni un hombre recorrido como yo puede comprender. Yo nací infiel y moriré infiel. Es mi naturaleza. Creo que está en mis genes, porque mi viejo es tramposo desde que tengo uso de razón y de chiquito me llevaba a la casa de sus amantes y me daba buenas propinas para que nunca le tire dedo. Pero eso sí, siempre exigí fidelidad a mis mujeres y, por supuesto, a mi esposa, la única mujer que he amado en mi vida.
Una sola vez, mi primer amor de mi barrio, en San Martín, me engañó cuando yo era chibolo con el ‘Cholo Huaraca’, que tenía carro, plata y hasta me sacó pistola. Desde esa vez hice famosa la frase ‘billetera mata galán’. Pero estoy consternado, porque mi causita Lalo, un jugadorazo que caminó varios años conmigo, se ha convertido en el hazmerreír de todo el Callao.
Mi compadre se casó con una chica de La Punta, uno de los traseros más deseados del barrio. Él se tiraba sus canitas al aire, pero siempre que tomábamos unos tragos, se ufanaba que su señora era lo máximo. Un ejemplo de esposa. Resulta que a Lalo le salió un negocio en Chiclayo y se fue por una semana. Cuando llegó notó a su mujer cambiada, pero lo peor es que de casualidad se iba a poner un calzoncillo y se dio cuenta que no era suyo. No dijo nada. Su mujer, esa noche, no quiso tener sexo con él porque ‘estaba cansada’. Pero la empleada de la casa le confesó llorando: ‘Don Lalo, sé que la señora me va a botar, pero soy cristiana y debo decirle que su esposa lo engaña con el hombre que le vendió el carro. Él muy sinvergüenza viene a la casa y se meten a su cuarto. Mejor me voy a mi tierra’. Lalo se volvió loco. Cuadró a la mujer, pero ella murió negada.
‘Cómo voy a estar con ese pobre diablo del vendedor. Échame tierra, pero no basura’, le dijo la muy cínica. Pero el vendedor ‘arrugó’, cuando Lalo fue a ‘ajustarlo’ con dos malandros de San Judas, a quienes les pagó 200 soles y le pusieron una Smith Wesson, calibre 38, en la sien. ‘Ella se me mandó. Yo no quise, ¡perdóname!’, imploró en la Mar Brava. Lalo llegó a su casa y estuvo a punto de matar a la infiel.
Pero lo alucinante del caso es que acabo de enterarme que están viviendo juntos nuevamente. Mi causa la perdonó. Ahora, todo el barrio se burla en su cara. No entiendo, Chato. Un verdadero hombre nunca debe perdonar una infidelidad. Y cuidado, que los cachos son hereditarios”. Pucha, ese señor Pancho solo cuenta historias de engaños y malas mujeres. Me voy, cuídense.
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