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Chavín de Huántar
El fotógrafo Gary indignado con la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un espectacular aguadito de pavo con bastante limón y rocoto molido.
“María, la verdad es que estoy indignado con la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de pedir que se abra un proceso contra el Estado peruano y llevar a los comandos Chavín de Huántar a juicio en el fuero civil, por las supuestas muertes extrajudiciales de tres de los 14 terroristas del MRTA que asaltaron la residencia del embajador de Japón, Morihisa Aoki.
Creo que esto es un abuso y que el Perú debe defender a estos héroes. Esta historia comenzó hace casi exactamente 15 años, la noche del 17 de diciembre de 1996, cuando los emerretistas, liderados por el funesto Néstor Cerpa Cartolini, tomaron la residencia cuando se celebraba un cumpleaños más del emperador del Japón, Akihito.
Habían más de 800 invitados, entre políticos, militares, religiosos y diplomáticos. Cerpa y sus seguidores, la mayoría muy jóvenes, habían ingresado disfrazados de mozos. Cuando se desató el caos, varios invitados huyeron a la carrera, pero la gran mayoría quedó secuestrada.
Los terroristas, sin embargo, tuvieron que dejar ir a cientos, pues sería imposible controlarlos a todos. Al final solo quedaron con 72 hombres. A cambio de soltarlos, exigían que sean liberados 400 emerretistas presos. Por supuesto, el pedido no fue aceptado.
La toma de la residencia duró exactamente 126 días en los que nos convertimos en el centro de atención del mundo. Periodistas de todo el planeta llegaban y alquilaban las casas vecinas a precios exorbitantes para no perder detalle de lo que ocurría. A medida que pasaba el tiempo se temía una liberación de los rehenes a sangre y fuego por parte de los militares, lo que iba a ocasionar numerosas bajas, como siempre ocurría en operaciones de ese tipo en el mundo.
Sin embargo, los comandos del Ejército y la Marina habían construido una reproducción idéntica de la residencia en la que practicaban el rescate. Mientras tanto, se cavaban túneles. El 22 de abril de 1997, a las 3:23 de la tarde, hicieron
volar el piso del salón principal, donde un grupo de terroristas jugaba fulbito. Fue el comienzo del fin.
Todos los terroristas, que en el rescate se dedicaron a disparar a los rehenes, cayeron abatidos. El único secuestrado muerto fue el magistrado Carlos Giusti, y dos comandos. Hoy, varios años después, algunos organismos internacionales siguen defendiendo a esos terroristas criminales”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
