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El Año Nuevo de Pancholón
El Chato Matta dice que Pancholón recibió su merecido por mujeriego.
El Chato Matta llegó al restaurante por un espectacular sudado de chita con bastante limón y rocotito molido. “María, me timbró mi hermano Pancholón. ‘Chatito, baja urgente, las terribles de San Martín se están desnudando por Bajada de Reyes. Clic’. María, llegué y encontré a Pancholón con un ojo morado y también con varios chupetones en el cuello y los brazos. ‘Causita -me dijo-, pasé el peor Año Nuevo de mi vida. Tú sabes que no soy como el común de los mortales. Yo, el ‘Día de los enamorados’, me quedo en mi casa con mi mujer viendo una película. No voy a restaurantes llenos ni a discotecas donde los giles están con rosas.
En Navidad me acuesto apenas termino de cenar, igual en Año Nuevo. No salgo, no voy a bailetones con cena y cotillón. Yo me juergueo y hasta me disfrazo en ‘La posada’ con mis trampas cualquier día del año. Por eso, el 31 pensaba ir a saludar a mis hijitos y luego llegar a mi casa y brindar con mi mujer para irme a dormir. Apagué mis dos celulares y dejé el privado activado por si pasaba alguna emergencia o un cliente billetón requería de mis servicios por manejar borracho y atropellar a alguien.
Pero no calculé que ese traidor del Chino del Callao sabía mi número. Fue él quien se lo dio a la loca Elizabeth, una flaca con la que tuve un choque y fuga, y porque la choteé se fue al extranjero y cada vez que viene quiere estar conmigo, mostrándome fajos de euros y trayéndome camisas y polos Dolce & Gabbana.
Días antes se presentó en mi oficina y me dijo para recibir el año en el sur, con Huey Dunbar ex DLG. ‘Gordito, yo pago la entrada y el whisky’. Me reí en su cara. Si no recibí el año cuando ella era más joven y menos loca, ahora mucho menos. Pero ella, siniestramente, buscó al Chino del Callao, quien no solo le dio mi teléfono privado, sino también la dirección de mi casa. A las 9 de la noche me timbró. ‘Pancho, ya estoy harta. Esta vez recibirás el Año Nuevo
conmigo, quieras o no. Si no lo haces, armaré un escándalo en tu casa. Ven a La Posada, y si te portas bien, te prometo que será solo media hora y podrás irte’.
Tuve que aceptar esa propuesta siniestra y fui al hostal de los infieles. Llegué y vi una habitación alucinante. Mucho incienso y música suave. Apenas entré la loca me dio un trago que me dejó medio zombi. ‘Es para que cumplas todas tus metas el 2012’, me dijo la desgraciada. En eso se puso a bailar a mi alrededor y murmuraba: ¡¡Pancho mío, gordo mío, para siempre!! Yo no tenía fuerzas. Me amarró, me tapó la boca y te lo juro que pensé que me iba a matar. ¡La loca estaba realizando un amarre vudú conmigo!
Cuando desperté, el cuartelero quería tumbar la puerta. Me levanté como un robot y cuando me vi en el espejo, grité: ¡¡Nooooooo!! Me habían dado unos chupetazos como si los labios de Susy Díaz estuvieran dibujados en mi cara, cuello, piernas, brazos y hasta en el trasero. ¡¡Ya perdí!! Nadie me creyó. Ni mi viejito que es más tramposo que yo y me alcahuetea todas. Mi mujer me abolló. Me botó de la casa misma Karla Tarazona con Leonard”. Pucha, ese señor Pancholón se pasa de mujeriego y recibió su merecido. Me voy, cuídense.