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Pancholón cayó en la trampa
El Chato Matta dice que Pancholón no puede con su genio e invitó a salir a la prima de su “trampita”.
El Chato Matta llegó al restaurante por un sabroso arroz con mariscos. “María, me timbró el gran Pancholón. ‘Chato, vuela donde Felipe. Estoy planeando una venganza contra Aracelli, el hembrón de la avenida La Paz. No sabes la jugada que me hizo. Hay un pisco moqueguano en la mesa y ya llegaron las terribles de San Martín de Porres. Clic’. Llegué y encontré a Pancho con varios parches en la cara. ‘Chato no te rías, esto no es cosa de juego. Tú sabes que mi trampita oficial es Aracelli. Una belleza salvaje de Jaén. Se parece a ‘La reina del sur’ de la telenovela y es de armas tomar.
En el día de su cumpleaños la llevé a bailar al Ópera del cono norte y ella invitó a su prima. Yo no tenía a quién llevar y le pasé la voz al Chino del Callao, quien prometió poner una botella de whisky. Pero a último momento, el sacolargazo llamó diciendo que su esposa había echado llave a la puerta y no lo dejaba salir. Esperé solo a Aracelli y su prima. Cuando llegaron, grité ¡¡bingooo!!
¡¡La prima de mi trampita era una auténtica reina de belleza!! Aracelli, al ver que me relamía los labios, me dijo: ‘Me olvidé decirte que fue Miss Cajamarca el año pasado y está de novia con el hijo de un ganadero, así que pórtate bien’. Pero yo no puedo con mi genio. Cada vez que Aracelli se iba al baño, al toque la sacaba a bailar y la apachurraba bien rico, le susurraba al oído y la cajacha se reía, no se palteaba.
En una, ebrio de deseo y whisky, le dije ‘me gustaría salir contigo a solas, tu prima ya fue’. Y Vivi -así se llamaba-, en vez de molestarse, me dijo: ‘Está bien, pero que Aracelli no se entere’. Me sentí en el cielo. Le puse mi tarjetita de abogado con mi celular en su brasiere. Y toda la noche estuve muy atento a Aracelli. Las dejé en un hotel en La Marina, donde la prima estaba alojada.
Al día siguiente, la timbré. ‘Vivi, soy Pancho. Esta noche soy todo tuyo, mi amor’. Nos citamos en el karaoke ‘Dis Kresión’. Allí le canté al oído ‘Ven que te necesito. Te necesito, te necesito, tequiero hacer el amor…’ y la chibola se emocionó. Estuvimos besándonos toda la noche y ya en llamas le propuse: ‘Vamos a mi Posada’. ‘No, mi amor -me dijo-, para qué vas a gastar si yo tengo mi hotel, más bien con esa plata compras un vinito rosé semiseco que me pone calentona’. Besé mi sortijón de oro. ¡Fuerza matador!
Vivi era un bomboncito tierno y dulce, no como la amargada y sangrona de Aracelli. Llegamos al cuarto y ella me dijo: ‘Ponte cómodo, Panchito, que voy al baño’. Entré al dormitorio y me saqué toditita la ropa. Quedé en cueros, mientras esperaba el vinito. Tocaron la puerta y yo, ansioso, abrí.
¡¡Nooooooo!! ¡¡Aracelli estaba con una botella de vino y me la rompió en la cabeza!! Atrás de ella estaba un patita que filmaba todo, como un zombi me estaba poniendo mi calzoncillo y salió Vivi desnuda. ‘Panchito, mi amor. No te vayas, ¿no me ibas a enseñar tu salto del chanchito?’ Y me besó en la boca.
Aracelli gritó: ¡Corta, Gustavo! Cuando pararon de filmar, Vivi se comenzó a cambiar y me empezó a gritar: ‘¡Gordo, sinvergüenza, cochino. Creías que me iba a acostar contigo y traicionar a mi prima! Mi prima no te merece, eres una basura. Ya la ayudé a abrir los ojos. Ruega que este video no lo envíe a la casa de tu mujer’. Chato, se fueron abrazaditas matándose de risa. Ahora estoy paranoico con ese video. Me tinca que el Chino me sembró”. Pucha, ese señor Pancholón no escarmienta y no respeta a ninguna mujer. Me voy, cuídense.