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Giuliana: La universitaria que asesinó a su mamá
La joven fue detenida hace unas horas en la frontera con el Ecuador.
Por: Víctor Patiño y Miryam Beteta
Giuliana Llamoja ingresaba a la facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y los alumnos la miraban con sentimientos encontrados. Como la novela del periodista “Gonzo” Hunter Thompson, con “Miedo y asco”, pero también deslumbramiento, deseo, hasta admiración, por la poetisa muy bien vestida y pulposa.
Estaba estudiando Filosofía, aunque se había recibido de abogada, pero a sus 25 años decidió buscar la luz entre Platón, Kant, Hegel o el francés Louis Althusser. Con este último, no solo la unía la concepción de que “todos son marionetas de algo”, sino también un destino trágico: Althusser mató por estrangulación a su esposa Helena, Giuliana asesinó a su madre de 60 cuchilladas.
DÍA TRÁGICO
La joven está prófuga, después que una jueza revocara su beneficio de semilibertad y ordenara que vuelva a prisión para cumplir cinco años de su condena por violar las normas de conducta que estaba obligada a cumplir. ¿Pero qué pasó realmente aquel 5 de marzo del 2005? Una joven de 18 años, estudiante universitaria de Derecho e hija de un juez, mató sin ningún signo de piedad a su propia madre, al atacarla con cuchillos con los que le produjo 60 cortes en el cuerpo, de los cuales uno fue letal. Mientras ella resultó con cuatro cortes superficiales en las piernas.
Según los peritos, esos cortes de la muchacha se habrían producido cuando la madre estaba tirada en el suelo y la joven encima la atacaba con furia. Allí, la víctima herida habría intentado defenderse.
Giuliana Flor de María Llamoja Hilares también escribía poesías y era la hija engreída del juez civil Luis Llamoja Flores. Su madre, María del Carmen Hilares Martínez (47), se desempeñaba como secretaria de una institución militar.
Este crimen ocurrió en el inmueble de la calle Las Magnolias 155, de la apacible urbanización Entel Perú, la zona más “ficha” de San Juan de Miraflores. Aunque Giuliana se avergonzaba de vivir allí. En la universidad decía que vivía “cerca a La Bolichera”, nunca decía San Juan, más bien precisaba “por Surco”. Inclusive cuando participó como concursante en un programa de TV dijo: “Vivo en La Molina”.
CHICA VENENOSA
Según Luis Llamoja, su hermano, Giuliana asesinó a su mamá fría y planificadamente. “Ella incubaba un odio contra mi madre. Por eso compró raticidas y los mezcló con Coca-Cola porque quería envenenarla. Se arrepintió y prefirió acabarla de esa manera tan salvaje”.
Después de las investigaciones policiales y judiciales, el 26 de julio del 2006, la Tercera Sala Penal con Reos en Cárcel le impuso 20 años de pena privativa de la libertad (el fiscal pidió 25) por el asesinato -parricidio de su madre. Según la acusación fiscal, el 5 de marzo del 2005, Giuliana llegó a su inmueble a las 5 de la tarde aproximadamente, se puso a ver televisión.
A las 6 de la tarde se fue a una bodega, donde adquirió una Coca-Cola y dos sobres con raticida marca “Campeón”. Luego retornó a su vivienda con la intención de envenenar a su madre. Durante la reconstrucción, la joven sostuvo: “mezclé la gaseosa con raticida y se me venía a la mente la cabeza de mi madre”.
“Cuando estuvo en su casa, la procesada mezcló un sobre de veneno con la gaseosa en otra botella y arrojó el líquido en un vaso, pero desistió de dicha acción y lo arrojó en el lavadero de la cocina, mientras que el otro sobre lo guardó en el bolsillo de su short. Luego se fue al baño y sacó el espejo a la sala para probarse ropas que el mismo día había comprado”.
FUE UNA CARNICERÍA
Textualmente, el expediente de la Sala que la condenó dice: “Al promediar las 9 de la noche, la agraviada llegó a la vivienda y al ingresar a la sala encontró a su hija, y empezó a recriminarle por haber obtenido el espejo del baño. Iniciándose una discusión entre ambas, que acaloradamente se tornó más agresiva. Al extremo que la occisa profirió palabras soeces contra su hija y se dirigió a ella, arrebatándole el espejo y generando un forcejeo, donde la víctima trató de lesionar a la procesada, arrojándole un adorno (jarrón de arcilla), el mismo que impactó contra el piso. Acto seguido, la procesada se dirigió a la cocina, siendo perseguida por su madre Hilares Martínez. Ingresó por la puerta adyacente al jardín, quien continuaba vilipendiando a la procesada y esta, en un intento de frenar dichos abusos, tomó un cuchillo de cocina, con el mago de madera y lo golpeo verticalmente contra la mesa. Hecho que enfureció a la agraviada, quien según versión de la procesada, cogió dos cuchillos (utilizados para servirse mantequilla, con mango sintético), y los arrojó contra la procesada, llegando a impactar uno contra la pared y el otro en el piso (ambos se quebraron). Y en respuesta, la procesada volvió a sujetar el cuchillo que había dejado en la mesa, mientras su madre empuñó otro y apuntó contra la procesada, por lo que esta se abalanzó contra la occisa y trató de desarmarla, pero en ese intento infirió diversas lesiones, emprendiéndose una mortal pugna entre ambas, en la que dieron varias vueltas alrededor de la mesa de la cocina, mientras la procesada seguía hiriendo a su madre en diversas partes de sus extremidades superiores, abdomen, cuello, rostro y cráneo, hasta que en un descuido, presionaron el interruptor de la luz de la cocina y todo quedó a oscuras, donde ambas cayeron al piso, y siguieron forcejeando. Seguido, la procesada se reincorporó, pero su madre María del Carmen Hilares se había desplomado de bruces. No volvió a erguirse, pues había sido lesionada letalmente en la arteria carótida, produciéndose una hemorragia aguda que conllevó a la pérdida fulminante de abundante sangre que le produjo su muerte”.
Tras este hecho, Giuliana jaló de las piernas a su madre, que seguía desangrándose, y la jaló hasta el baño de visitas, donde la dejó tirada y cerró la puerta con llave, sin saber si todavía podía estar viva. Luego retornó a la cocina, limpió los restos de sangre y recogió los pedazos de jarrón de cerámica roto, dos mangos de cuchillo de madera, un sobre vacío de raticida, una montura de anteojos, un vaso de vidrio quebrado y las sandalias de jebe de su madre y las metió en una bolsa de basura y la escondió.
“Inmediatamente se dirigió a su dormitorio del segundo piso, donde se desvistió y toda su vestimenta (short verde, un par de medias blancas y rosadas, una cadena plateada de 18 centímetros, un manojo de llaves, dos monedas de cinco soles y una de dos soles y un sobre de raticida, también los escondió cubriéndolos con una tapa de balde plástico”.
LLEGÓ SU HERMANO
Sigue el texto de la fiscalía: “Posteriormente, ingresó al baño del segundo piso, pero fue interrumpida por su hermano Luis Augusto Llamoja Hilares, quien retornaba a su vivienda; por lo que cubierta con una toalla, fue a abrirle la puerta y de regreso se dirigió a la cocina, donde comió dos uvas, y retornó a ducharse por un lapso de 15 minutos, hasta que su hermano llamó a la procesada, refiriéndole que era imposible ingresar al baño del primer piso, atinando a observar el interior por una ventana, que se ubica en la parte superior de los servicios higiénicos, percatándose que había un cuerpo de una fémina en el suelo, preguntando a la procesada sobre la identidad de aquella persona. A lo que llorando dijo: Es mi mamá o la empleada, respondiendo que era su madre. Seguido Luis Llamoja comunicó tal situación a los vecinos, quienes ingresaron a la vivienda e informaron el hecho a los bomberos, los que ingresaron al baño, y hallaron el cuerpo inerte de la agraviada de la occisa”. Según la hermana de la víctima, el rostro de María del Carmen Hilares estaba desfigurado. Tuvieron que coserle el rostro con 300 puntos, sostuvo la tía de Giuliana.
TE ODIO, MAMÁ
En su testimonio, Luis Llamoja, hermano de Giuliana, contó que la relación entre su madre y hermana no era fluida, ni normal, pues constantemente discutían, hasta el extremo que la joven la agredió físicamente en un oportunidad.
Además, dijo que la joven se mofaba de la condición de secretaria de su madre, pese a que ella era la que diariamente le daba dinero para sus gastos en la universidad. La joven era una verdadera “joyita”. Su hermano añadió que Giuliana se apoderaba del dinero de su mamá y le robó en varias oportunidades joyas de oro. Incluso cogió una tarjeta de crédito de una compañera de estudios de la Universidad Sagrado Corazón de Jesús (UNIFE), con la que retiró dinero de un cajero automático, pero fue descubierta por las cámaras filmadoras de la entidad bancaria, lo que fue comunicado a su padre Luis Llamoja Flores, quien repuso el dinero hurtado y solicitó que no comunicaran el hecho a la policía.
TE AMO, PAPÁ
También se tomó en cuenta el testimonio de la tía materna de la muchacha, Carmen Rosa Hilares Martínez y gemela de la víctima, quien dijo que la joven y su padre sostenían una relación muy extraña y estrecha, y a veces desacreditaba a su hermana como progenitora.
“Sé sentaba en las piernas de su padre. Se iban al cine, a la playa, a comer y llegaban a las diez, once de la noche. Salía vestida para exhibirse y se sentaba adelante del carro y mi hermana iba atrás”, afirmó la tía de Llamoja Hilares.
La condena tomó en cuenta que la sentenciada no tuvo motivación para asesinar a su madre, por el contrario, intentó acabar con su vida envenenándola, y tuvo cabeza fría para deshacerse del cuerpo, limpiar la escena del crimen, bañarse y cambiarse. Incluso pudo comer.
Además, “guardó un silencio cómplice”, porque no auxilió oportunamente a su madre, ni salió a buscar ayuda a los vecinos, o llamar a la Policía para que acudan a socorrer a su madre. Por el contrario, dejó que se desangrara hasta que sufrió un shock hipovolémico y el consiguiente deceso. Y en su condición de estudiante de Derecho, sabía que toda persona humana debe prestar asistencia cuando alguien stá en peligro la vida, pero en su caso, borró las huellas y escondió el cadáver en el baño probablemente para desaparecerlo en horas de la noche.
La víctima presentó 60 heridas. Mientras que la agresora solo cuatro. Por todos estos hechos, la fiscal superior Clariza Zegarra Rosas pidió la pena de 25 años de prisión contra la muchacha, pero la Tercera Sala Penal con Reos en Cárcel le impuso 20. Finalmente, este fallo fue reformado por la Corte Suprema a 12 años. Sin embargo, salió por un beneficio de semilibertad en cuatro años. Hoy está prófuga. La justicia tiene varias cuentas que arreglar con ella.
