Lunes 23 de enero 2012 - 07:10
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Cuidado con los secuestros

El fotógrafo Gary pide cadena perpetua para estos delincuentes que hacen sufrir a familias enteras.

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Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó por una parihuela de mariscos con yucas, limón y rocoto.

“María, el secuestro es uno de los delitos más abominables, ya que la víctima y su familia padecen un sufrimiento sin nombre. Solo las alimañas son capaces de cometer un acto tan cruel.

El último viernes, el gerente de pinturas ‘Anypsa’ y su familia fueron plagiados por pistoleros encapuchados que se metieron a su casa, en Los Olivos. Al ejecutivo se lo llevaron a la fábrica para que saque 900 mil soles, mientras otro grupo retenía a sus seres queridos en su vivienda, con la amenaza de que los matarían si no entregaba esa fortuna.

El hombre sacó el dinero de su trabajo y lo entregó, con lo que fueron liberados él y sus familiares. Los investigadores están convencidos que el ‘dato’ salió de ‘adentro’, tal vez un trabajador.

Los secuestradores no actuaron a ciegas, sabían lo que querían y cómo obtenerlo. Por eso, la policía recomienda investigar a las personas que se piensa contratar. Es que el secuestro, en nuestro país, se ha convertido en una floreciente industria de terror y muerte, cuyos tentáculos han penetrado hasta en la Policía, pues no es raro encontrar agentes metidos en estas bandas.

Uno de los plagios más despiadados de los últimos años fue el del estudiante André Casalino, perpetrado en el 2007. Este caso demuestra el elevado grado de crueldad y la especialización de muchas de estas bandas. El plagio de Casalino duró 26 días, en los que fue tratado de forma inhumana, pues fue desnudado, golpeado, atado de pies y manos y vendado con cinta de embalaje. Encima, le pusieron una capucha en la cabeza que le impedía respirar.

Lo peor es que lo enterraron en vida, pues fue metido en un pequeño horno de un metro de alto por un metro y medio de largo, donde sobrevivió de milagro porque era más fácil que muera asfixiado. En ese nicho apenas le daban agua y comida.

Cuando fue rescatado por la policía, tenía seis kilos menos y su cuerpo muchas excoriaciones. Los secuestradores estaban divididos en grupos y no se conocían entre sí. Un grupo se encargó de la selección del objetivo, otro de la ejecución del plagio propiamente dicho, otro de la custodia del rehén, otro de la negociación con los familiares y cobro del rescate.

Este método fue copiado del MRTA, con cuyos fanáticos habían purgado prisión en distintas cárceles. Los plagiadores son los peores y solo merecen cadena perpetua”. ¡Qué miedo! Me voy, cuídense.

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