Domingo 05 de febrero 2012 - 09:10
  • 0
  • 2320

La 'pelada' de Pancholón

El Chato Matta cuenta que Pancholón fue amenazado de muerte en Colombia.

Imagen

El Chato Matta llegó por unos pallares con bastante papada de chancho y una cojinova frita encima. “María, me timbró Pancholón. “Chato, me dijo con la voz ronca, acabo de llegar de Cali, Colombia. Pero también me di un tiempecito para visitar Medellín, una ciudad peligrosa. No solo por la violencia que vivió cuando reinaba el cártel del sanguinario Pablo Escobar, sino también por sus mujeres, peligrosamente bellas.

A Medellín viajé, muchos años atrás, por la Copa Libertadores. La plata de los ‘narcos’ mantenía excelentes equipos de fútbol y los mejores grupos y artistas llegaban a la ciudad.

Las discotecas rebosaban de chicas minifalderas con cuerpos como los de Shakira. Esa noche sorprendí a los colombianos al narrar de forma dramática y emotiva el partidazo que jugó el Boys con Nacional, donde un chiquillo, ‘Kukín’ Flores, se jugó el partido de su vida en el empate con el Nacional de Medellín. Los fanáticos picones irrumpieron en mi cabina de transmisión y me pusieron una pistola en la cabeza. Los colegas de radio me salvaron.

‘Emperador, tu relato nos hizo vibrar. Vamos a tomar aguardiente en la inauguración de la mejor discoteca de Medellín’. El local era espectacular. Lujo por todos lados. El gran Joe Arroyo era el plato fuerte. Estaban los capos del Cártel de Medellín. Unos tíos feos y gordos, pero acompañados de las más bellas
modelos de la ciudad. En un momento, el animador anunció que había periodistas peruanos. ‘¡Que suba el Emperador!’, gritó.

Borracho cogí el micrófono y me puse a narrar el golazo a mi estilo. “¡Kukíiiinnnn, Kukíinnnnn. Ayayayayayayayay, ayayayayayay. ¡Golazoooooooo! Para ti, mi Callaoooo. Mi Perrrúuuuuuuuuuuuuu. Chimpum, Callaoooooooooooooo”.

Hasta los ‘nachos’ se emocionaron y me invitaron a su mesa. Vi que una belleza no me quitaba los ojos de encima. Se llamaba Angie. Yo le saqué la lengüita, sabiendo que estaba jugando con fuego. ‘Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida’, le dije. ‘Ay, mi hijo, usted a todas les dirá lo mismo. En Lima seguro tienes tu pelada (enamorada)’, me dijo coqueta. Mi amigo periodista se me acercó con cara de espanto. “Pancho, ¡¡estás coqueteando con la novia de ‘El chacal’!! El brazo derecho de Pablo Escobar. Sus sicarios están aquí y si se enteran que le mordiste la oreja a Angie, ¡eres hombre muerto!” Había tomado casi una botella de aguardiente y mi bichito partidor ya estaba incontrolable. Desafiando a la muerte, la saqué de la disco. Acabamos en mi hotel. Fue una noche ardiente. Le di con todo. ‘Eres un salvaje’, me dijo.

En la mañana, ella despertó llorando. “Pancho, eres hombre muerto. Creo que yo me puedo salvar, porque ‘El chacal’ está loco por mí. Pero a ti no te va a perdonar”. Regresé al hotel y el conserje me dijo que tres tipos habían preguntado por mí. ‘Señor Pancho, llegaron en dos motos, mejor váyase a Lima’. Llamé a Angie y le dije para vernos. Pero de frente me gritó que me largue y nunca más la volviera a llamar. Me fui escondido en la maletera de un carro hasta Bogotá y de allí a Lima. Pero tenía la espina clavada, ¿por qué me choteó de esa manera?

Apenas arribé a Lima, recibí una llamada. ‘Emperador, ¿sigues mordiéndole la orejita a las colombianas?’ ¡Era Angieeee! ‘¿Por qué me botaste si pasamos una noche inolvidable?’ A la segunda botella de aguardiente, la ricura me confesó todo. “Pancho, mi marido te iba a acribillar. Esa mañana, cuando me dijo ‘le mando la moto’, me arrodillé y le dije que aceptaba casarme con él…

‘El chacal’ se ablandó: ¡Que nunca más pise Colombia ese peruano hijo de p…, ni veas su cara de pendejo! Por eso te basureé, para que te vayas y nunca vuelvas. Ahora ya no hay problema. Me dejó viuda cuando el gobierno le declaró la guerra a Escobar y murió con 20 balazos en todo el cuerpo. Tengo mucho dinero. Me voy a Cartagena y quiero que me acompañes”. Puse primera y arranqué. Mujer de narco es cana. Pucha, qué tal historia de Pancholón. Me voy, cuídense.

Más sobre:

columna-smaria

elcomercio.pecerrar