Domingo 05 de febrero 2012 - 10:00
  • 2
  • 1030

Una peruana en la Antártida

Una joven periodista cuenta su historia desde la base “Machu Picchu”, donde canta a todo pulmón el Himno Nacional.

Imagen

Textos y foto: Denisse Sotomayor

Fue el último rincón del planeta en ser descubierto. Aquí, desde el 28 de diciembre del año pasado, 32 peruanos realizan trabajos en nombre de la ciencia y el Perú. Gracias a la Dirección de Asuntos Antárticos del Ministerio de Relaciones Exteriores, una periodista, colaboradora de Trome, acompaña a estos valientes exploradores y nos cuenta cómo se puede vivir en días sin noche

Son las 9 de la noche y el sol alumbra como si fueran las 3 de la tarde. El viento supera los 100 km/hora y las paredes de la Estación Científica Machu Picchu resuenan al estruendoso compás del temporal.

Tener un horario de comidas ayuda a saber qué hora es y a qué hora debe darte hambre. Se desayuna de 7 a 8, se almuerza de 1 a 2 y se cena de 8 a 9 de la noche, cuando todavía el sol alumbra.

En la Antártida solo existen de tres a cuatro horas de penumbra, una luz parecida a las 6 o 7 de la tarde en Perú. O sea, ni siquiera es de noche como la conocemos. Algunos colocan polos negros en sus ventanas para poder dormir y a otros, la ardua faena diaria los invita al sueño de inmediato. Un curtido explorador me da su receta: “Yo me imagino que soy un taxista lechucero y llego a las 8 de la mañana a mi casa para dormir”. Parece que esa táctica le da resultados, pues es el único que duerme a pierna suelta y ronca peor que los gritos de los lobos marinos.

Los animales de la Antártida no dan tregua y comienzan su hora de cacería con los primeros rayos de luz, por lo que los científicos deben estar “moscas” para despertarse a las 4 de la mañana y empezar a hacer el monitoreo de la especie que están estudiando.

Hay focas de distintos tipos y tamaños. La especie más grande aquí es el “elefante marino”. Es intimidante, pues mide casi 5 metros de longitud y pesa 4 toneladas. Con los años, la nariz les crece como una trompa hacia abajo y por eso llevan ese nombre. La más vista por los alrededores de la base es la foca de Weddell, que siempre anda en manada. Pero la más abundante en el continente antártico es la “foca cangrejera”. Se estima que hay más de 40 mil ejemplares. Todas estas especies son tan grandes como su flojera, se les puede ver durmiendo durante horas y solo se mueven para conseguir alimento o un mejor lugar para descansar. Todos tenemos prohibido acercarnos a menos de cinco metros, pues una mordedura de estos animales puede ser mortal. Si bien están tumbadas en el hielo, no toleran intrusos. Aquí no hay focas amaestradas del circo.

FOCAS COMEHOMBRES

Los pingüinos son como los perros de la ciudad. Adonde quiera que vayas, te cruzarás con alguno. Nuestra calle es una playa de piedras con un mar congelado que cuando se derrite, se convierte en una gran laguna. Su temperatura es bajo cero y a pesar de eso, en las próximas semanas, dos biólogos marinos bucearán con trajes especialmente diseñados para las bajas temperaturas, con el fin de estudiar las especies que crecen en estas aguas.

Aunque no lo crean, las focas pueden ser para los buzos de la expedición tan peligrosas como un tiburón blanco o una orca. Según los biólogos Aldo Indacochea y Eduardo Silva, la “foca leopardo” es el enemigo número uno de los buzos. Es un poderoso depredador, solitario y agresivo. Come krill (crustáceo semejante al camarón), pingüinos, aves y de seguro no dejaría pasar a un ser humano si se cruza en su camino. Son los tiburones de esta zona.

La base peruana estaba abandonada. Esta expedición ha llegado hasta este remoto rincón del planeta, antes de Año Nuevo, para ponerla operativa. Pero, sin duda, vivir y trabajar aquí es un riesgo constante. Los técnicos especializados en construcción mezclan cemento, cambian techos y arman estructuras de fierro superando vientos de cientos de kilómetros por hora. El objetivo es ampliar la base.

Lo que un maestro de obra haría en Lima en pocos días, aquí puede tomar semanas por las extremas condiciones climáticas, a pesar de ello ya se terminó gran parte de la obra y la Base ya luce los colores de nuestra bandera blanquirroja. Me siento orgullosa.

El agua la obtenemos de un glaciar que se descongela y ha formado una gran laguna a la espalda del cerro donde yace nuestra base. Es gracias a las maniobras de Pablo Antay, gasfitero y especialista en instalaciones sanitarias, que tenemos agua. Él sufre, día a día, para que estas no se congelen ya que perder este recurso sería una verdadera tragedia. A veces, me pongo a recordar películas sobre la Antártida y tiemblo cuando evoco el filme “La cosa” del gran John Carpenter. Estos parajes son ideales para hacer una película de suspenso o terror.

“MISTURA” BAJO CERO

Por supuesto, después de varias horas de trabajo bajo cero uno, el momento cumbre del día es la hora del “rancho”. Como aquí se dice: “Todo puede fallar, menos la comida”. Podemos soportar días sin luz, sin agua caliente, sin comunicación, sin cerveza o sin la maquinaria necesaria para realizar los complicados trabajos, pero lo que un buen peruano no podría soportar es un plato de comida feo. Felizmente, nuestro chef antártico, Aldo Saavedra, tiene una sazón que, por minutos, nos transporta a casa o nos hace acordar al mejor plato de Gastón Acurio. El buen Saavedra, alias “Cookie”, diminutivo de “cooker” (cocinero) se levanta a las 4 de la mañana para preparar el pan y tener el desayuno listo. El polvo de hornear se va terminando y el almacén de víveres más cercano está a cientos de kilómetros de distancia, por eso comemos pan una vez a la semana y tenerlo sobre la mesa, es todo un lujo.

Los 32 expedicionarios hemos aprendido a valorar un pedazo de pan, un vaso con pisco sour, el ají, el limón o una fruta, alimentos que escasean y que, a esta altura del viaje, ya se van acabando. Me cuentan los caseritos antárticos que en febrero empieza la dieta seca, llamada así porque los vegetales y todo alimento fresco se acaba y solo queda arroz, papa y fideos. Esa será la prueba de fuego de nuestro querido “Cookie”.

Al levantarnos, vamos a una pizarra donde aparece el nombre del encargado de la limpieza y de izar el Pabellón Nacional y el de la Dirección de Asuntos Antárticos. Es increíble que a 5 mil 700 kilómetros de Lima y a 5 mil 515 kilómetros de Cusco, el Himno Nacional se cante más fuerte que en nuestra propia tierra. Es un inmenso orgullo ver flamear tu bandera en este territorio inhóspito y representar a tu país en un lugar donde nadie nos ve.

POLACOS “AFANADORES”

Nuestro vecino más cercano es Brasil. La Estación “Comandante Ferraz” se encuentra a 15 minutos en zodiak (moto para hielo) de la base y a la derecha, a media hora de distancia marítima está “Arctowski”, base científica de Polonia. Desde allí se puede caminar una hora o cruzar un lago en canoa y llegas a “Copacabana”, una de las tantas bases estadounidenses que es más conocida como “Pocacabana”, por ser la más pequeña de todas. Allí solo trabajan cuatro especialistas encargados del estudio de los pingüinos. Con esos tres países, el Perú comparte la Bahía Almirantazgo.

Todos los sábados, los polacos hacen una fiesta a la cual los países más cercanos estamos invitados. Nosotros asistimos una vez. Para llegar, tenemos que pasar por un mar abierto donde hay mucho “krill” -comida preferida de las ballenas jorobadas- y ya tuvimos la oportunidad de ser partícipes de ver cómo estos grandes cetáceos se dan su festín. En “Arctowski” se toma vodka y se habla polaco o inglés y, a pesar de que muchos no entienden el idioma, los europeos utilizan cualquier estrategia: señas, cantos, bailes y hasta regalitos para “afanarte”, pero este clima frigider enfría cualquier calentura, por más que los paisanos de Lech Walesa te llenen el vaso del vodka más “trepador”.

Aunque no lo crean, en la Estación no tenemos cerveza. Los vinos y el pisco que trajimos se guardan bajo siete llaves para cuando llegan visitantes de otras bases y para la fiesta de aniversario de la Base Machu Picchu. La celebración se adelantará para el 20 de febrero, fecha del término del viaje. Ese día haremos un salud por la rojiblanca y porque esta misión nacional encomendada por fin habrá sido cumplida. Si tienen un vaso en la mano, levántenlo y griten fuerte ¡Qué viva el Perú, carajo!

gonzalette gonzalo vega vega (gonzalette)foca cangrejera 40,000de población,en peligro de extinción. 05.02.2012 Reportar
chibolito Henry Alva (chibolito)Que cante el himno nacional aca en el Peru sarta de ignorantes. 05.02.2012 Reportar

elcomercio.pecerrar