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Hija del demonio
El fotógrafo Gary no puede creer la frialdad de Elizabeth Espino durante la reconstrucción del asesinato de su madre.
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un espectacular piqueo criollo con olluquito, ají de gallina, carapulcra, sangrecita y un emoliente tibio. “María, el martes pasado, me tocó cubrir la reconstrucción del crimen de la abogada y contadora Elizabeth Vásquez, que fue perpetrado nada más y nada menos que por su propia hija, Elizabeth Espino, en complicidad de su enamorado Fernando González y el amigo de ambos, Jorge Cornejo. Realmente fue impactante ver a familiares y vecinos de la muchacha gritarle a todo pulmón: ¡Asesina! !Mala hija! ¡Mataste a tu madre por dinero! ¡No vales nada! Hasta ahora no concibo que una hija sea capaz de planear el crimen del ser que le dio la vida y todo por el maldito dinero y por tener a su lado a un joven que, según dicen, la “vivía” y manejaba a su regalada gana. Estos criminales actuaron con premeditación, alevosía y ventaja.
Recordemos lo que pasó la noche del crimen. La joven hizo entrar a sus cómplices al cuarto de su madre cuando ella estaba bañándose. Al salir de la ducha, la contadora y abogada se encontró con sus asesinos. Intentó gritar, pero estos le taparon la boca y empezaron a golpearla. Ella se defendió y hasta habría llegado a herir a uno de ellos. Todo terminó con la mujer de negocios asfixiada y estrangulada. Luego, los jóvenes trataron de deshacerse del cuerpo. Lo pusieron en el carro de la propia víctima, el que abandonaron en una calle de Barranco. La idea era hacer creer que habría sido un amante despechado o un intento de secuestro al paso que acabó mal. Sin embargo, todo se cayó cuando los sabuesos de Homicidios empezaron a sospechar de Elizabeth Espino, quien dijo que su madre había recibido una llamada y salió, cuando fue ella “quien fue a comprar pollo a la brasa” y distrajo al vigilante para que sus cómplices salieran como ratas en el auto con su víctima en la maletera. Ante el tenaz interrogatorio, terminó por admitir el delito y dio a conocer el nombre de quienes la ayudaron a cometerlo. La verdad es que a los hijos no hay que darles todo, se lo tienen que ganar. Y, sobre todo, deben ser agradecidos con sus padres. Que aprendan que en la vida hay que luchar por alcanzar sus metas. El dinero fácil siempre es un mal camino”. Pucha, mi amigo tiene razón. Qué habrá pasado por la cabeza de esta chiquilla que también es hija de un juez. Me voy asustada, cuídense.
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