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¡Grande Uruguay!
El Búho gritó y alentó a la escuadra charrúa.
Este Búho ya estaba cansado de hinchar por otros países cuando se juega un Mundial, en vista que nuestra selección no participa desde España 1982. Me resistía a ponerme la camiseta de Argentina o Brasil para irme a algún local de parrillas o caipirinhas, como muchos hinchas nacionales. No los culpo, la mayoría, por la edad, nunca vio a Perú jugar un Mundial y lógicamente crecieron haciendo barra por las selecciones de países sudamericanos, aunque algunos por la nacionalidad de sus bisabuelos o abuelos se fanatizan con Italia, España, Francia e Inglaterra.
Sin embargo, ayer por la tarde, dejé de apoyar silenciosamente con la mente a Uruguay frente a los morochos de Ghana para terminar a grito pelado, junto a una treintena de bullangueros periodistas del diario, convertidos de la noche a la mañana en bravos “barras bravas” de Peñarol o Nacional. En uno de los partidos más dramáticos en la historia de los mundiales, Lima se transformó en Montevideo. “La calle de las pizzas”, en el “mercado del puerto” charrúa, donde este Búho probó una extraordinaria parrilla. Sudamericanos y africanos libraron una batalla épica, desangrándose mutuamente conforme pasaban los minutos. Hasta el último segundo intentaron herirse a muerte, siendo los africanos quienes tuvieron la oportunidad de liquidar a su encarnizado adversario. Pero la celeste se negó a morir, pese a que los africanos los acorralaron hasta la misma línea del arco de Muslera, de donde un delantero Suárez sacó de la raya un tiro y el segundo se convirtió “Magic” Johnson y con la mano evitó el gol de la eliminación. El árbitro lo expulsó y cobró penal. Suárez se fue llorando por la eminente eliminación. Era el villano. Sin embargo, el mejor jugador africano de la noche Asamoah Gyan, sería el encargado de convertir a Suárez en héroe, al estrellar su tiro en el parante. Por primera vez se callaron las insoportables vuvuzelas. Luego, por segunda vez, después del penal triunfal del “Loquito” Abreu. En los restaurantes y bares se multiplicaron los brindis. Los limeños tenían los ojos vidriosos de la emoción. Por un momento me imaginé el lejano Montevideo, la fiesta y el festejo genuino de gente sencilla y educada que me recibiera y me tratara con cariño allá por 1996. Y pensar que Perú colero de la eliminatoria venció a esta misma celeste en Lima con gol del charapa Rengifo y lo dejó casi fuera del Mundial. Iba a ser una tremenda injusticia. ¿Si o no maestro El Veco? Apago el televisor.
