Domingo 08 de agosto 2010 - 07:15
  • 0
  • 1736

Chato mujeriego

El Chato Matta visitó el restaurante de la Seño María.

Imagen

El Chato Matta llegó al restaurante por un espectacular arroz con mariscos con conchitas negras, langostinos, pulpo y erizo. “María, tú sabes que hace tiempo estoy solo. Tengo mi carrito, nunca me faltan unos “coquitos” en la billetera y unas costillas por allí, pero nada serio. Me voy a La Posada, nos tomamos unos tragos, dejo bien a los varones y me arranco. A mis años, he visto de todo y no me “cuadra” comprometerme con nadie. Además, las chibolas ahora se alucinan más vivas que uno y te quieren “comer cerebro”. La verdad, ninguna me deslumbra y las volteo en una. Además, soy fiel al Decálogo del Tramposo del maestro Pancholón: Las trampas no aman a nadie. La vez pasada me encontré con Elenita, un viejo amor. La conocí cuando tenía 19 añitos. La flaca era guapa, pero de empuje. A la primera salida nos fuimos a tomar un roncito y me la chapé. Allí me di cuenta que era más fácil que la tabla del uno y con un par de tragos “aflojaba”. A los dos días me llamó para invitarme dos “chelas”. Por supuesto, no me pude negar. “Chato, tú me gustas, pero me tratas como una de esas que llamas “tramposas”. Nunca me vas a dar mi lugar. Además, otro hombre me ha pedido que me case con él. Es una oportunidad que no puedo desaprovechar. Él es muy bueno. Si me caso, te juro que tú vas a ser mi amante”, me dijo. Esa noche le hice el amor. Fue en un hostal sucio de Breña, con baño común. “Tú también me gustas, pero no te hagas ilusiones conmigo”, le dije en la cama. La chibola era brava y se las sabía todititas. Ese día nos amanecimos haciendo locuras.

A los meses se casó. Recuerdo que me invitó y fui al matrimonio y en plena fiesta un borracho faltoso agarró del cuello al flamante esposo de Elenita y le dijo: “¿No sabes que tu mujer te saca la vuelta con el Chato?” El hombre se puso serio y se fue del tono con su “señora”. A lo que iba, hace unos días me encontré con ella y recordamos viejos tiempos, aunque la verdad es que nunca sentí nada por Elenita. “Chato, sigo casada. Tengo dos hijos, pero no pasa nada con mi esposo. Es un idiota… Vámonos lejos, he ahorrado bastante plata y podemos irnos a vivir juntos para siempre…”, me dijo. ¿Ustedes creen que uno puede confiar en una mujer así? Hicimos el amor, pero ya no era lo mismo y me fui del hostal pensando que nunca más la volvería a ver porque recordé al poeta chileno Pablo Neruda, cuando dijo “nunca vuelvas a un amor del pasado””. Pucha, ese Chato Matta es un mujeriego. Sus historias son bien bravas. Me voy, cuídense.

Más sobre:

columna-smaria