Viernes 13 de agosto 2010 - 06:00
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Muerte de un fiscal

El fotógrafo Gary afirma que si la violencia aumenta, pronto seremos como Colombia o Río de Janeiro.

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El fotógrafo Gary llegó por unos chicharrones de pulpo con crema de aceitunas, salsa criolla, limón y una chicha morada al tiempo. “María, en los años 80 y 90, la violencia demencial del terrorismo empujó a miles de peruanos a irse del país. Actualmente, la violencia de la delincuencia común y del narcotráfico causa un pánico similar. Y si preguntamos a los que dejan nuestro Perú por qué lo hacen, seguramente contestarán que por trabajo y por más seguridad, por una vida de paz alejada de sanguinarios secuestradores, “marcas” y sicarios que, si son capturados, salen libres en dos o tres años.

Hace mucho tiempo que la criminalidad nos ha desbordado y, por eso, hasta autoridades como jueces y fiscales vienen siendo asesinados. El último caso es el del fiscal de Acobamba, en Huancavelica, Néstor Fernández Ramírez, quien fue acribillado por un sujeto que le disparó tres balazos en el pecho, cuando iba a entrar a su despacho.

La zona es una conocida ruta de narcotraficantes que llevan la droga desde Ayacucho hasta la costa y lo más probable es que ese crimen haya sido ordenado por alguno de estos mafiosos. La autoridad, de solo 52 años, deja viuda y un hijo joven.

Este asesinato a sangre fría es parecido al sufrido en julio del 2006 por el juez Hernán Saturno Vergara, muerto de un balazo en el pecho por un sicario, cuando comía en un restaurante del Centro de Lima. El magistrado procesaba a 25 sujetos, presuntos integrantes del sanguinario Cártel de Tijuana. Aquella vez, el asesino descendió de una moto, mató a Vergara, hirió a su acompañante y se fue con toda calma, en la misma moto que había llegado. Al estilo de los sicarios colombianos.

La violencia en el país va en aumento y, a este paso, pronto alcanzaremos los niveles de horror de las favelas de Río de Janeiro, Tijuana y algunas ciudades de Colombia. Nuestras autoridades han estado de espaldas a esta realidad de sangre y terror que vivimos la mayor parte de los peruanos.

Congresistas y ministros, rodeados de seguridad, con el poder del Estado en las manos, siempre se han sentido intocables. ¿Pero hasta cuándo? Hoy son fiscales y jueces. ¿Cuánto más faltará para que legisladores y ministros también sean víctimas? La sociedad reclama acciones urgentes. No se puede vivir en permanente zozobra”. Qué miedo. Me voy, cuídense.

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