Domingo 15 de agosto 2010 - 07:15
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El decálogo de los casados

El Chato Matta nos cuenta la última de “Pancholón”.

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El Chato Matta llegó al restaurante por un caldito de pollo con bastante kion y una fuentecita de chancho con tamarindo. “María, recibí una llamada urgente del maestro Pancholón. “Chato, baja ahorita donde el tío Felipe. El Chino del Callao ya pidió la mano de su novia. Le estoy organizando una despedida como se merece. Están las bebitas de Ripley, la caballona de San Micky, la terribles de San Martín y las insaciables del aeropuerto. Trae una caja de condones. Click”. Llegué y la fiesta estaba en su punto. Pancho había recibido un “donativo” de sus clientes. Varias damajuanas de pisco, ron jamaiquino y whiskies etiqueta negra. Pero el Chino no pudo con su genio, tenía un ramillete de bellezas que estaban bien aleccionadas por Pancho para cumplirle sus fantasías, pero el gilazo se emborrachó y se puso a contar toda su historia de fracasos y waterloos con las mujeres: “Pancho, ahora que encontré una buena chica, de su casa, no puedo evitar recordar todo lo que me hicieron sufrir las canallas. Comenzando por Katty, la ricura que trabajaba en el banco, a quien encontré chapando con mi mejor amigo del colegio. Después Ingrid, la enfermera. A ella la llevaba a los conciertos, le compraba perfumes caros y ropa con mi tarjeta. Una noche la ampayé en la clínica haciendo el amor en una camilla con su jefe, el doctor “Chotillo”. Pancho estaba asadazo. Se agarraba la cara y movía la cabeza. “Hijo, eres muy sano. Te voy a dar unos tips de un nuevo libro que estoy escribiendo: “El decálogo de los casados”. Esto te servirá para que trampees y no se te mueva el piso en tu hogar. Recuerda, la familia es tu mayor tesoro. Síguelo como si fueran los Mandamientos de Moisés:

Cuando se te caliente la cabeza por un calzoncito, busca un amigo con calle, vivido, recorrido y de corazón duro. Nunca pongas en la balanza a tu familia por una mujer que es una “ruleta rusa”. Cuando vayas a liquidar ponte tu “casco”. Mosca con los “chupetones”, revisa los bolsillos porque te pueden “sembrar” y que no se te pegue el perfume de la canalla. Jamás permitas que llamen a tu casa, porque es un templo. Con las trampas los temas de conversación son trago, sexo y huevaditas. Nada de fonos, correos, Facebook, Hi-5. Eso es para los giles. Cumpleaños, fines de semana, aniversarios, Navidad, Año Nuevo, Semana Santa, Fiestas Patrias y las vacaciones son sagradas. Uno no puede fallar en casita. Con la plata de los “chanchitos” no se juega. El sencillo que te sobra es para darte tus “gustitos”. A las canallas nunca le pintes billetes ni tampoco te botes con tu boleta de pago, profesión, chamba o tarjetas de crédito. Recuerda que el llanto de la esposa y los nenes se paga. Mentalízate en saliditas nomás que no corre quedarte con la “otra”. Tarde o temprano, te cae la maldición.

Ese señor Pancho es un sinvergüenza. Me voy, cuídense.

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