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Todo por el chat
El fotógrafo Gary comenta sobre Jana y el “asesino de la matela”
El fotógrafo Gary llegó por un seco de cabrito preparado con chicha de jora y servido con arroz blanco, ramitas de perejil y rocoto molido. “María, ya está en nuestro país el norteamericano William Trickett, acusado de matar a su esposa peruana Jana Gómez. Este crimen conmocionó al país en agosto del 2007 y, desde entonces, los padres de la desafortunada no han tenido un solo día de paz, clamando justicia. Según la policía, la joven trujillana fue asesinada la primera semana de julio de ese año en un hotel de Lince y, después, el homicida fondeó en el mar el cadáver que había metido en una maleta. Paradojas de la vida, el terremoto del 15 de agosto que mató a decenas de compatriotas en el sur alteró las condiciones marítimas, permitiendo que el cuerpo saliera a flote y quede varado en la playa “Las cascadas” de Barranco, un día después. Con más de un mes en el océano, los restos de Jana estaban irreconocibles, pero el tatuaje de una mariposa en el cuello permitió a sus angustiados padres reconocerla. Para ese momento, el gringo ya había huido. Pero la noche del jueves, la policía peruana al fin lo trajo extraditado de su país. Lucía el cabello largo y bigotitos. Su mirada era fría e inexpresiva. El fiscal ha pedido 35 años de cárcel. Pero quien comete un crimen tan horrendo, no merece salir jamás de prisión.
La mala suerte quiso que Jana y William Trickett crucen sus caminos a fines del 2005, cuando se conocieron a través del chat. En febrero del 2006 ya eran enamorados y, en agosto de ese año, el sujeto llegó al Perú por primera vez. Visitó a Jana y su familia en la urbanización Vista Alegre de Trujillo y, desde entonces, volvía una vez al mes hasta que se casaron en marzo del 2007. “Era un joven amable, respetuoso, no despertaba sospechas”, contó luego la madre de Jana, Patricia Menéndez. Las amigas de la occisa -quienes reconocieron que al principio la envidiaban “por haber conquistado a un gringo”-, luego del crimen, contaron que Trickett era muy absorbente y posesivo con su esposa. Se oponía que vea a sus amistades y hasta le hizo cambiar tres veces el número telefónico de la casa de sus padres para que no la llamen. Estos no sabían el trato abusivo que el norteamericano le daba a su hija. Si hubiera hablado, tal vez hoy estaría viva. Este caso nos muestra los peligros del chat. Es un riesgo muy grande conocer gente a través de este medio. Porque no sabes quién está al otro lado de la pantalla. Puede ser un asesino, un ladrón o un violador que se presenta como alguien respetable y amable. El chat no te muestra la realidad y, mientras tanto, la víctima va creando un lazo afectivo con el sujeto. Se enamora y comienza a depender de él. Así que hay que tener muchísimo cuidado. Yo, particularmente, prefiero conocer a la gente cara a cara, me parece mejor, más personal”. Pobre chica, ojalá se haga justicia. Me voy, cuídense.
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