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Taxistas buitres
El fotógrafo Gary aconseja que es preferible contratar un taxi de alguien conocido y de confianza.
El fotógrafo Gary llegó por un piqueo criollo de ají de gallina, cau cau, seco con frijoles y arrocito blanco con un poco de ají y una manzanilla calentita. “María, hace unas semanas, una amiga tomó en el Centro de Lima un colectivo a Comas. Eran las 9 de la noche y subió confiada porque adentro había una mujer como pasajera. A la altura de Tahuantinsuyo, en la avenida Túpac Amaru, esa mujer con cara de “yo no fui” y otros pasajeros sacaron cuchillos y amenazaron a mi amiga con cortarle la cara -entre gritos y mentadas de madre- si no les daba su plata, joyas, celular y hasta la casaca.
Uno de los delincuentes le manoseó todo el cuerpo, pese a que su cómplice era una mujer, y el chofer quería dirigirse a un lugar apartado para violarla. Al final, las hienas decidieron que era muy temprano y mejor seguían robando a más chicas. “Más tarde agarramos a una flaquita, ahora hay que seguir chambeando”, decía uno de ellos. Al final, a mi aterrorizada amiga la soltaron en la misma avenida y desaparecieron en busca de más víctimas.
Pese a los terribles momentos que padeció, ella tuvo más suerte que muchas que sí acabaron violadas. Esa modalidad de asalto se está extendiendo cada vez más en el país. Ello resulta indignante, pues se trata de pervertidos cobardes que abusan de mujeres indefensas. ¿Acaso no tienen madre?
El robo es condenable, pero se queda chico ante los abusos sexuales. La policía acaba de hacer públicos los Identifacs de algunos de estos delincuentes que se camuflan en taxis y colectivos, pero la impresión que tengo es que podrían ser los retratos de cualquiera, pues son rostros muy comunes. Una encuesta reveló, hace unos meses, que los limeños miran la cara del conductor antes de tomar un taxi.
A ver si les da confianza. Pero los violadores siempre presentan su mejor rostro. En general andan limpios, siempre con una sonrisa a flor de labios y son amables. Solo hasta ganarse la confianza de sus víctimas. Esos abusadores deberían ser condenados a cadena pepetua.
Me pregunto, qué pasó con el empadronamiento que la Municipalidad de Lima comenzó a hacer a los taxistas. Muchísimos pagaron su inscripción (¿dónde está esa plata?) y pintaron sus vehículos de amarillo por gusto, pues todo quedó en nada. Sigue imperando el caos y hoy, tomar un taxi, se ha convertido en un riesgo mortal.
Por eso si se va en taxi, es preferible contratar a alguien conocido y de confianza. Costará un poco más, pero no es un gasto, sino una inversión, pues la seguridad y tranquilidad no tienen precio. Si no, mejor es abordar un ómnibus de ruta”. (degrees)Qué miedo! Me voy, cuídense.
