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Historias de espías
El Búho hace un recuento del libro “Los espías del Pacífico” y lo compara con la historia de Víctor Ariza.
¿Quién no se ha sentido seducido por una buena película de espías? Este Búho era infaltable en la cazuela del mítico cine “Mirones” para ver los filmes de James Bond, el Agente 007.
Nunca olvidaré “De Rusia con amor”, donde la bella italiana Daniela Bianchi se enamora de Bond y decide desertar, llevándose consigo una poderosa arma secreta rusa. Eran los años de la “Guerra fría” entre Estados Unidos y la ex URSS.
El mismo presidente Kennedy declaró que esa era su película favorita, “porque retrataba muy bien cómo se mantenían las relaciones con los rusos”. Pero es en la ficción. El espionaje, sobre todo el espionaje para una potencia que no es tu país, no tiene nada de romántico. A esa conclusión llega este Búho después de leer el revelador libro “Los espías del Pacífico” (tres casos de traición a la patria que vinculan a Chile) del periodista Ítalo Sifuentes Alemán.
Sifuentes, quien trabajó 15 años como redactor de política del diario “El Comercio”, repasa el conocido caso del avionero Julio Vargas Garayar, quien fue fusilado el 19 de enero de 1979, después de reconocer que espió en favor de Chile por dinero, proporcionándole información y fotografías de la base de La Joya, en Arequipa, donde prestó servicios.
Sin embargo, el libro revela un caso de espionaje que nunca salió a la luz pública, un “destape”. La traición del alférez de fragata (AP) Eduardo Barrios Coloma. Después de varias semanas de seguimiento, filmándolo y fotografiándolo al ingresar ¡a la embajada de Chile en Javier Prado! La inteligencia naval peruana le tendió -relata Sifuentes- un plan de contraespionaje, en diciembre de 1989.
Los oficiales peruanos “Patricio”, “Enrico” y “Sergio” se hicieron pasar como agentes chilenos. Después de los primeros contactos, quedan en encontrarse en el café “Haití” (el libro muestra una foto) donde el traidor les entregaría documentos vitales para la seguridad del país, como “el legajo del plan de acción inmediato y procedimientos operativos de la Armada y toda la información que se le solicitase”.
El espía, sin mucho preámbulo, exigió ¡22 mil dólares!, pues dijo que tenía problemas económicos. Sifuentes tuvo acceso a las grabaciones que la Marina puso a disposición del juez militar en el juicio de 1990. El espía se asombró que los tres agentes “chilenos” eran peruanos, intensamente entrenados para hablar con el particular acento sureño.
Barrios fue condenado a 28 años de prisión por traición a la patria, pena que debía cumplirse el año 2017. Sin embargo -y aquí cobra interés el tema-, Sifuentes advierte que el año pasado la justicia militar le dio libertad al conmutarle la pena ¡¡por beneficios penitenciarios del 2 × 1!! En estos momentos un tribunal militar está juzgando al FAP Víctor Ariza, para quien el fiscal superior, comandante Cornelio Apaza Véliz, ha pedido 35 años de encierro.
Dentro de un mes se dictará sentencia, ¿se acogerá también a los beneficios penitenciarios del 2 × 1? Y en el colmo, los militares traidores a la patria por comprar armamento chatarra y robar al Estado que hoy están encarcelados, se declaran “presos políticos”. Apago el televisor.