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Droga asesina
“El fotógrafo Gary” preocupado por una nueva droga que es la “moda” entre los más jóvenes.
El fotógrafo Gary llegó por una chita frita a la trujillana, bañada con crema de ajo y mantequilla, acompañada de huevo y yuquitas sancochadas, rodajas de limón y rocotito. “María, cinco escolares fueron detenidos en un parque de San Martín de Porres cuando estaban a punto de inyectarse “Ketamina”, una droga muy peligrosa que también se inhala y destruye rápidamente a quienes la consumen.
En realidad, es una medicina que muchos adictos usan desde hace varios años, aunque no está muy extendida como la marihuana, cocaína o el “Éxtasis”. Se usa para operaciones quirúrgicas y hasta en veterinaria, y su venta solo debe hacerse con receta médica. Sin embargo, muchas farmacias la expenden así nomás.
En la avenida Emancipación hay algunos lugares que la dan sin problema, sabiendo para qué la usan ciertos menores y adultos. Produce sueño, alucinaciones y crea adicción. Particularmente es peligrosa porque después de algunas aplicaciones, ya no se sienten los efectos de las primeras veces, así que el adicto se inyecta cada vez más, aumentando el riesgo de una muerte súbita.
Eso, sin contar el peligro del contagio de enfermedades como el VIH, hepatitis B y otras. Además, dependiendo de la dosis, puede producir “desdoblamiento”. Es decir, la persona “se eleva”, se ve a sí misma, como si se tratara de otro sujeto.
La mayoría de veces es un camino sin retorno, ya que es muy difícil escapar de sus garras. Los adictos acaban hechos unos guiñapos, verdaderos deshechos humanos. Los escolares intervenidos, entre 14 y 17 años, pertenecen al colegio “Simón Bolívar” de San Martín de Porres y cayeron con esa droga y las jeringas para inyectarse. Ya habían pagado entre 3 y 5 soles para “una aplicada”, que puede ser en brazos o piernas, donde se llegan a producir hasta coágulos de sangre.
¿Cómo es que jóvenes que hace poco dejaron de ser niños jueguen de esa manera con la muerte? Definitivamente, la culpa la tienen los padres. Porque no los controlan, porque se encargaron de hacer de su hogar un infierno o no se comunican con ellos. Los muchachos se meten al mundo de las drogas para experimentar o “escaparse” del medio en que viven, pues no les gusta nada. Hay mucha insatisfacción.
Encima, ni los padres ni los colegios se encargan de informarles acerca de las terribles consecuencias. Entonces, comienzan como jugando. Y, muchas veces, pagan con la propia vida o destruyendo las de los demás, generalmente los seres que aman. Padres, hermanos, abuelos. Para empezar, las autoridades deben poner mano fuerte con las farmacias que venden “Ketamina” y otras medicinas peligrosas sin receta”. ¡Qué terribles! Me voy, cuídense.
