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Encerrona con susto
El Chatto Matta nos cuenta la última de Pancholón. Esta vez casi no la cuenta.
El Chato Matta llegó al restaurante por su espectacular plato de tallarines verdes con un churrasco frito encima y una taza de anís para bajar la grasita. “María, la semana pasada, Pancholón, el “Rey de los coyotes” porque siempre para con trampas, fue agasajado con lo que más le gusta: una de sus famosas “encerronas”.
Ganó un juicio y se embolsó 5 mil dólares, así que había que celebrarlo. El Chino del Callao fue el encargado de contratar la orquesta, llamar a las canallas y comprar el trago. Fue un tremendo rumbón. Todo bien solapa para evitar cámaras, picadores y “zapatos rotos”. Pancholón no sabía nada, lo sacamos de su casa con los ojos vendados y de allí enrumbamos a un depa en Miraflores, de un abogado soltero.
Pucha, María. Estaban todas las “trampitas” conocidas. La fiesta era a todo dar, hasta que el Chino paró la música y dijo: “Pancholón, ahora eres famoso y te llueven contratos hasta del extranjero. Por tus éxitos profesionales tenemos un regalo muy especial para ti. Está en el cuarto”. El Coyote entró y las charapitas de Petit Thouars lo recibieron echaditas en la cama con baby doll. “Somos todas tuyas, haz lo que quieras con nosotras, gordito”, le dijeron.
A Pancholón se le hacía agua la boca, se relamía los labios. Lo miró al Chino, lo abrazó y le dijo: “Hijo, el día que me plante te daré el secreto para que algún día ganes con las falsas. Recuerda que a los buenitos los quieren como a los perritos, el hombre debe ser basura, maloso y soltar la cuerda en el momento justo, con un ojo abierto y otro cerrado”.
Entró al cuarto y la fiesta estaba bien bacán hasta que salió desnuda Fiona, una de las hermanitas, gritando como loca: “¡Panchito, no respira. Se ha quedado tieso!” Pucha, María. Te juro que pensamos lo peor, apenas entramos al cuarto lo vimos tirado calato. Estaba verde. Era el bobo. Gracias a Dios estaba mi compadre Albertito, que es médico y lo levantó con tremendos puñetes en el pecho hasta que lo hizo reaccionar.
Cuando se levantó, Pancholón le dijo al doctor: “Mi hermano, disculpa si una vez te partí con tu flaca. Me has salvado, desde ahora, el día que salgas con una costilla te respetaré. Prometo que ya no voy a mirar mujer ajena, sacar la lengua, ni patear por debajo de la mesa”. María, fue un gran susto, lo peor fue que el médico le dijo: “Pancholón, casi no la cuentas. A tu edad ya no estás para que te hagan el torniquete. Nada de licor, baja de peso urgente y cuando hagas el amor, no te esfuerces. Chorrea en una”. La verdad que esos amigos del Chato Matta son temibles, solo hablan de mujeres y cochinadas. Me voy, cuídense.
