Lunes 30 de agosto 2010 - 07:26
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Muerte en la Iglesia

El fotógrafo Gary pide a la Policía investigar bien el caso del curita asesinado.

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El fotógrafo Gary llegó por un sancochado de res calientito, con papas sancochadas y fideos. “María, la muerte brutal del sacerdote puertorriqueño Linán Ruiz y su asistente es una demostración de la tremenda violencia que padece el país. Las decenas de puñaladas y cortes que cada uno recibió, en el mismo convento de San Francisco, indican la enorme ferocidad de los asesinos.

Antes, estos homicidios tan terribles eran muy raros. Por ejemplo, el asesinato de una familia de japoneses, en Chacra Ríos, a mediados de los años 40, impactó profundamente en la apacible Lima de esos años. Tanto, que el finadito periodista Jorge Salazar, un muchacho por esa época, se quedó con el caso grabado en la memoria y muchos años después, en 1991, escribió el libro “La medianoche del japonés”, que desentrañaba los pormenores de esos homicidios.

Hoy, leemos que acaban con una familia a machetazos y apenas nos provoca una mueca. ¡Los más salvajes asesinatos son tan comunes que no nos conmueven! En el crimen del curita, la policía reveló que los sospechosos son dos jóvenes de Barrios Altos, conocidos de las víctimas que asistían al comedor para pobres del convento.

Pero lo que llamó la atención, y se ha convertido en un punto de controversia, es la información dada por la policía respecto a que, en el dormitorio del religioso, fueron halladas películas pornográficas. Quienes lo conocían afirman que era una persona muy buena, trabajadora, disciplinada, siempre dispuesta a ayudar a los más necesitados y a ponerse fuerte cuando se trataba de apartar del mal camino a las almas descarriadas.

Por eso, dudan que haya mantenido una doble vida, alejada del celibato que tanto exige la Iglesia Católica a sus sacerdotes. Hasta sospechan que los criminales, para mancillar su imagen, le “sembraron” esos videos. Otros, más suspicaces, consideran que fue la policía la que colocó esas películas para convertir el caso en un “psicosocial”.

Si bien la policía ha cometido muchos errores, creo que debemos empezar a confiar en ella. Pero si actúa mal, la verdad saldrá a la luz más temprano que tarde. Si el sacerdote tenía esos videos, ¡además, en el mismo convento!, es condenable porque hablamos de un religioso que eligió vivir en castidad.

La policía, hoy mismo, se pregunta si hacía algo más que ver videos triple X y con quiénes, si sus asesinos tenían alguna relación sentimental con él o si su muerte fue una venganza pasional. Todas las preguntas son válidas en este momento”. Pucha, qué pena. Me voy, cuídense.

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