Viernes 03 de septiembre 2010 - 06:10
  • 0
  • 1265

Hijos de la violencia

El fotógrafo Gary lamenta que niños que vivieron la violencia familiar puedan repetir lo mismo.

Imagen

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó por una parihuela de mariscos bien concentrada con calamares, langostinos, choros, pulpo y un lenguadito acompañado de yucas fritas, jugo de limón y rodajas de rocoto. “María, el asesinato del payasito “Peluchín” es un claro ejemplo de la desintegración de la familia, esa que está destruyendo los valores de nuestra sociedad.

Fue asesinado en su propia casa, por su esposa, según ella misma contó a la policía, ¡y delante de sus hijos pequeños! La confesa asesina dijo que la pelea comenzó cuando “Peluchín” le reclamó porque ella se fue a una fiesta y volvió a casa después de un día y medio. No le gustaron los reclamos del marido, que se sintió burlado, así que comenzaron los gritos e insultos y lo golpeó con una piedra.

Lo que no deja de sorprender e indignar es que todo haya sucedido delante de los niños, a quienes la madre -encima- chantajeó, diciéndoles que si contaban lo ocurrido, ella terminaría en la cárcel. Pero la policía sospecha que la mujer no actuó sola, sino que contó con la ayuda de otras personas para matar a su marido y luego cambiarlo de ropas, pues las que llevaba estaban ensangrentadas.

El cadáver mostraba heridas grandes y manchas de sangre visibles a primera vista, lo cual demuestra la brutalidad con que fue asesinado. Los hermanos y el padre de “Peluchín” contaron que este era golpeado por la mujer con ayuda de sus hermanos y, una vez, le desfiguraron el rostro por la paliza que le dieron.

Los hijos de esta familia son las otras víctimas en este horrendo caso. Pequeños que seguramente, desde hace mucho tiempo, han estado expuestos a la violencia física y psicológica de sus propios padres. Y luego nos preguntamos por qué hay tantos abusadores, golpeadores de mujeres y de pequeños.

Estos niños han vivido en un ambiente ideal para convertirse en adultos inseguros, celosos y violentos. De esa forma, el círculo vicioso de las agresiones continúa. Que este caso sirva de ejemplo para esos hogares donde las peleas, insultos y golpes ocuparon el lugar del amor y el respeto.

Una convivencia así, no vale la pena. Los padres debemos dar el ejemplo a nuestros hijos con la acción. En primer lugar, hay que respetar a la pareja y los niños”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

Más sobre:

columna-smaria