Sábado 19 de abril del 2014

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Viernes 13 de julio del 2012 | 06:20

El caso del asesinato de Myriam Fefer (II)

El Búho analiza los misterios que rodea la muerte de la empresaria de descendencia judía.

Este Búho continúa con el caso Fefer. Ahora vamos a concentrarnos en el brutal asesinato de la empresaria y en su victimario confeso, el sicario colombiano Alejandro Trujillo Ospina, “Payaso”. Ingreso al túnel del tiempo, 15 de agosto del 2006.

EL CRIMEN: El fiel mayordomo de la familia Fefer fue al dormitorio de su patrona, como todas las mañanas, para preguntarle qué deseaba desayunar, pero se sorprendió al ver la puerta entreabierta. No la vio en su cama y distinguió sus pies en el suelo. Empujó la puerta y observó un cuadro espantoso que lo hizo gritar. La señora estaba tirada en el piso, en medio de su sangre. Su pantalón y buzo de dormir ensangrentados.

Había sido estrangulada. Las largas y cuidadas uñas estaban partidas porque la empresaria, una mujer de carácter, no se dejó matar fácilmente y luchó con todas sus fuerzas para salvar su vida. Esos arañazos que rasgaron la piel de su asesino permitirían, tres años después por medio de la bendita y justiciera prueba de ADN, identificarlo plenamente.

Cuando los policías llegaron a la escena del crimen y observaron que allí se libró una fiera lucha, se preguntaron, al conocer que la habitación más cercana era la de Eva Bracamonte: ¿Cómo la joven no pudo escuchar los gritos que, se supone, hizo su madre pidiendo ayuda? Y lo segundo, ¿Cómo “Payaso” pudo ingresar por la puerta sin que los perros le ladren y sin forzar las cerraduras?

Fue por ello que las primeras sospechas recayeron sobre amistades o algún posible amante de la empresaria, en la suposición de que la asesinada le hubiera permitido el ingreso. Pero el sicario cometió un error. Después de matar a la Fefer, desde el celular de esta ¡¡llamó al teléfono móvil de Eva!!

La versión de que fue su madre, quien la llamó pidiendo ayuda, quedó descartada, debido a la evidente pelea mortal en la que nunca hubiese tenido tiempo ni de marcar los tres dígitos del 911. De allí, que la policía comenzó a manejar la hipótesis de que fue su propia hija la que habría abierto la puerta del garaje al asesino.

Esto se apoya en la versión de Ariel, quien sostiene que él se fue a dormir a las 10:30 de la noche, pero antes bajó a cerciorarse de que todas las entradas estuvieran con seguro. “Como a las 11:30 -le dijo a la policía- sentí ruidos y vi que Eva bajaba al primer piso”. La muchacha, al ser interrogada, sostuvo que lo hizo “para sacar unas revistas debajo de la escalera”.

Según la acusación fiscal, ese sería el momento en que habría dejado la puerta abierta al sicario, quien se ufanaba en una prisión argentina de haber matado a una famosa empresaria peruana, contratado por su hija. En Salta, “Payaso” estaba detenido justamente porque llegó contratado para asesinar a un empresario.

Como el cliente se arrepintió, tuvo la desfachatez de reunirse con el objetivo, el empresario, para advertirle que si no le daba mil dólares lo iba a matar igual. Este sujeto, extrañamente al llegar a Lima, cambió su versión. Dijo que liquidó a la empresaria porque “se le pasó la mano”, pues ingresó a robar. De esta forma, extrañamente, limpió a Eva y Liliana Castro Mannarelli. ¡Increíble!

Dijo que no la asesinó por un motivo material y sostuvo que “pasaba por allí y decidió ingresar a robar, por lo que trepó un muro de la espalda de la casa y entró por la ventanita del baño del dormitorio de la víctima”. Pero en la reconstrucción, “Payaso” hizo el ridículo. No sabía cómo escalar el muro ni cómo ingresar al baño por la ventanita. Demostró que no se metió por allí la madrugada del crimen.

Además, concluyó la policía, no hay evidencias de sangre en ninguno de los muros que él dice haber escalado para escapar. Conclusión: el asesino, después de matar cruelmente a su víctima, salió caminando por la puerta como si nada. Otro detalle importante, indicó que estranguló a la empresaria con “el pasador de su buzo”, pero la desafortunada víctima fue ahorcada con un cable de computadora.

SEGUNDA CONCLUSIÓN: “Payaso” no entró a robar, sino a matar a la dueña de la casa. Lo curioso es que quiso acogerse a la confesión anticipada, en la figura de homicidio involuntario y no material. Con ello, pretendería desbaratar la acusación de la Fiscalía de que fue contratado para asesinar a la empresaria, con lo que beneficiaría a las acusadas. Pero la Sala desestimó el pedido de este psicópata y mitómano compulsivo. Apago el televisor.