Miércoles 23 de abril del 2014

Síguenos:

Jueves 12 de abril del 2012 | 08:00

Charles Manson

El Búho dice que el asesino sigue siendo violento en prisión, pero aún así pide libertad.

Al diabólico Charles Manson acaban de negarle la libertad condicional. Con esta, ya son doce veces que la justicia de Estados Unidos le dice ¡no! Manson, hoy de 77 años, es uno de los más sanguinarios asesinos en serie de la historia y ocupa un lugar de honor en la galería de monstruos junto a Andrei Chiketilo, “El carnicero de Rostov”; Ted Bundy, Ottis Toole y tantos otros.

Nació en Ohio en 1934 de “una prostituta de diecisiete años”, como él mismo decía con descarado orgullo, y de padre desconocido. Desde pequeño se inclinó por el crimen y, a los 14 años, fue arrestado por primera vez. Toda su juventud se la pasó robando, golpeando e ingresando y fugando de las cárceles. Hasta los 19 años, cuando se casó con una jovencita de 17, sus experiencias sexuales solo habían sido con hombres.

En 1967, a los 32 años cuando abandonó la prisión, 17 de ellos los había pasado tras las rejas. Era una de esas almas descarriadas sin arreglo. Pero en la prisión fue donde se interesó en el esoterismo e ingresó a la Iglesia de Cienciología. Como era incapaz de respetar las reglas y obedecer órdenes, formó un grupo satánico de seguidores, al que llamó “La familia”, y a los que “lavó el cerebro” para que lo obedezcan sin dudar. Se autoproclamaba “Jesucristo”. Su vida y la de sus seguidores era una perpetua orgía de drogas, rock y sexo libre. Tal era su poder de convencimiento que muchos, en esa época de hippies, lo veían como un elegido.

En Los Ángeles no eran pocos los ricos y famosos que se declaraban sus admiradores, como el baterista de los Beach Boys, Dennis Wilson.
Se sabe que ordenó varios asesinatos, pero nunca se le pudieron probar, pues evitaba participar en ellos de forma directa.

Pero el peor y más famoso de sus crímenes fue el que cometió la fatídica noche del 9 de agosto de 1969, hace 43 años. Ordenó a sus acólitas Susan Atkins, Linda Kasabian y Patricia Krenwinkel, y a Charlie “Tex” Watson, sacrificar a todas las personas que se encontraban en la residencia del director de cine Roman Polanski, en ese momento en Londres. Allí, en la mansión de Cielo Drive, en Los Ángeles, estaba la bellísima esposa de este, Sharon Tate, una modelo y actriz de 26 años con ocho meses y medio de embarazo. Con ella se ensañaron de manera tan salvaje que la apuñalaron 16 veces, no para que muera en el acto, sino para que tenga una lenta agonía. Así se explica que le hayan cercenado los senos para que se desangre hasta morir. Para rematar su obra, la colgaron del techo. También masacraron a sus cuatro invitados. Luego, untaron una toalla en la sangre de Tate y con ella escribieron en una pared la palabra “Pigs” (Cerdos). Sediento de más sangre, Manson ordenó, al día siguiente, el asesinato del matrimonio La Bianca, con la intención de culpar a personas de raza negra. Manson era, además, un racista fanático admirador confeso del nazismo.

Hasta hoy no están claros algunos aspectos de la matanza en casa de Polanski, como los motivos que llevaron a su ejecución. Se ha especulado que la elección de la residencia fue al azar. También se habló de una venganza contra el peluquero personal de Sharon Tate, Jay Sebring, quien habría humillado sexualmente a dos mujeres de “La familia” por dinero; o que fue una venganza por el rodaje de la cinta “El bebé de Rosemary”, de Polanski, pues trataba del satanismo; o en venganza contra el productor musical Terry Melcher, quien no quiso producirle un disco a Manson, que se creía un gran músico. Meses antes, la casa había sido de Melcher. Manson jamás se arrepintió de su carnicería y, pese a sus años, sigue siendo violento en prisión, pero aún así pide libertad. Monstruo semejante no puede estar en las calles. Apago el televisor.