Domingo 20 de abril del 2014

Síguenos:

Miércoles 13 de marzo del 2013 | 06:20

Fiestas semáforo

El Búho se pregunta ¿hacia dónde está yendo nuestra juventud? con estas fiestas de lujuria y perdición.

Este Búho ya no se sorprende con nada. Pero el caso de las llamadas ‘Fiestas semáforo’ merece ser comentado. Aquí ha causado, con razón mucho escándalo, porque se ha descubierto que estas reuniones de adolescentes, que empiezan por lo general en la tarde y se prolongan hasta la noche, no son como un semáforo que pone orden y previene accidentes, sino todo lo contrario, terminan en orgías de sexo, alcohol y drogas.

Uno de estos bacanales se realizó en un local que funciona como academia de natación, en Independencia. Los vecinos ya estaban hartos que en ese local se llevaran a cabo ‘fiestas romanas’, como las llamaron. ‘La bulla es infernal, se siente el olor a marihuana y en la calle los muchachitos borrachos se pelean por las chicas que salen cayéndose’, denunció una madre de familia en ‘Primera Noticia’ del Canal 9.

También ‘La noche es mía’ emitió un informe sorprendente sobre esta última en Independencia. Comienzan entre las cuatro y seis de la tarde y la entrada puede fluctuar entre diez y quince soles. La organizan jóvenes mayores de edad que ven en el público adolescente un lucrativo negocio. No solo venden las entradas, sino les ofrecen licor -lo que debe estar prohibido- en infames mezclas, como ‘Piña colada’, ‘Machu Picchu’, ‘Vodka con naranja’ y harto ron en vasos de tres a cinco soles.

Pero eso no es lo peor. En el informe, algunos chicos y chicas, que salían de la fiesta interrumpida por la acción de los serenos e inspectores de la municipalidad, confesaron que allí se expende desdemarihuana, cocaína y hasta ‘éxtasis’. Además, revelaron que jóvenes fuera de sí se lanzaban a la piscina y mantenían relaciones sexuales. Infinidad de preservativos usados se encontraron en el agua y en losrincones de la casa.

El DJ, quien trabaja con una máscara, fue responsabilizado ante cámaras de llevar a la perdición a estos adolescentes, a los que sus padres les dan permiso para salir de noche, pero que ignoran que ingresan a verdaderos antros donde adultos inescrupulosos, por ganar unos billetes, los corrompen.

Para ingresar les entregan unas pulseras que deben de colocarse. La de ‘color rojo’ la llevan los que tienen pareja, la de ‘color amarillo’ los que tienen una relación, pero esa noche pueden ‘sacar los pies del plato y ser infieles’ y la ‘verde’, los chicos y chicas libres que están dispuestos a hacer lo que sea, desde vacilones hasta mantener relaciones con desconocidos.

Las verdaderas ‘Fiestas semáforo’ se crearon en los cruceros y hoteles lujosos para turistas adultos, ansiosos de aventuras, no fueron planeadas para adolescentes que ingresan a un mundo de promiscuidad del que ya no pueden salir. Este columnista se pregunta, ¿hacia dónde está yendo nuestra juventud?

Este Búho no es ningún cucufato y en mis tiempos también teníamos nuestros tonos ‘con luces sicodélicas’, es más, asistí a mi primera fiesta con luces a los doce años, de mi pata ‘Puchi’ Velézmoro. Su viejita preparó chicha y panes con pollo y era tan sana que creo que puso una bandeja con caramelos de licor. Y eso que la música era ‘ácida’ con Deep Purple, el Slade en vivo y las más zanahorias con Paul McCartney y los Wings para bailar ‘rock lento’ lo más audaz de la noche.

Las chicas no se ‘regalaban’ como ahora que tienen sexo en los jardines o en la piscina, terminan y ni se despiden. ¿Una chica que a los catorce años no cuida su cuerpo, qué hará con él después? Pienso que algunos programas de realities juveniles dan una imagen distorsionada de lo que deben hacer los jóvenes ‘exitosos’.

Para ellos, se debe admirar al pata que se chapa a todaslas participantes o sacavuelteras. Las concursantes más ‘populares’ son las que pasan de mano en mano por los muchachos y si se embarazan mejor, porque hay más rating. ¿Y dónde queda la educación sexual? ¿El sexo responsable? Esos programas los ven miles de niños y jóvenes,quienes observan a muchachas medio descerebradas que arruinan sus vidas por cinco minutos de fama. Y dos preguntas finales, ¿qué estamos haciendo los padres? ¿Sabemos dónde están nuestros hijos? Apago el televisor.