No es tan agradable estar en un restaurante y tener que comer con un mal olor en el ambiente. ¿Pero qué sucede si el mal olor viene de otro de los clientes que está mal vestido y luce como un vagabundo? ¿Pedirías al personal del local que lo inviten a salir? ¿Crees que te harían caso? Esta historia se volvió

A María, mesera de un restaurante en Texas, Estados Unidos, le tocó atender a un vagabundo cuyo olor generó molestias a los demás clientes. Ella se acercó a la mesa del señor, lo saludó y solicitó su orden como si fuera cualquier otro cliente a pesar de que parecía no tener dinero.

Los demás clientes pidieron que sacara al señor, pero María lo defendió y lo atendió con amabilidad y respeto. El encargado del restaurante dejó que el vagabundo se quedara pero le advirtió a la mesera que si este no pagaba la cuenta, le descontarían a ella de su sueldo. Ella aceptó.

Cuando María le llevó los panqueques, huevos con tocino y café, le dijo que no se preocupara por el pago, que ella se encargaría de ello. El señor agradeció y comió. Al retirarse le dejó una nota a la mesera.

“Querida María, la respeto mucho y usted se respeta también, es evidente por la manera en que trata a los demás. Usted ha hallado el secreto de la felicidad. Sus gestos bondadosos la guiarán entre quienes la conozcan”, decía la nota que también tenía un billete de 100 dólares.

Aquel vagabundo resultó ser el dueño del restaurante que había decidido disfrazarse de vagabundo para ver cómo sus trabajadores trataban a los clientes. Una semana después, María ascendió a administradora del establecimiento.


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