Inseguridad ciudadana: Lima y Callao necesitan la ayuda de RoboCop para frenar ola criminal [VIDEO]

El Búho habla de la inseguridad ciudadana y algunas cosas que pasaron hace 30 años. 

INSEGURIDAD CIUDADANA

La inseguridad ciudadana está imparable. (YouTube)

La inseguridad ciudadana está imparable. (YouTube)

Este Búho no puede dejar de decir ¡cómo pasa el tiempo! cuando lee que hay un grupo de películas emblemáticas de los años ochenta que han cumplido ya ¡treinta años! en este 2017. Preferí no verme en el espejo y recordé más bien ese maravilloso año 1987. Todo bacán. Una movida musical excelente en el país y en el exterior. Mi ‘pata’ Óscar Malca me había jalado a trabajar en su gran suplemento de fin de semana en un diario importante y tenía a Anita, mi enamoradita sanmarquina. Aunque todo lo malograba la insania terrorista de Sendero Luminoso, ella estaba conmigo en las buenas y malas. Con ella demolíamos las plateas de los cines y cine clubs. Vimos películas en estreno que hoy son de culto y han cumplido tres décadas. Para apuntar: ‘Depredador’ de John McTiernan, ‘Atracción fatal’ de Adrian Lyne, ‘Los intocables’ de Brian De Palma, ‘El último emperador’ de Bernardo Bertolucci y ‘Robocop’ del holandés errante Paul Verhoeven. Justamente en el canal TCM, a propósito de su aniversario, están pasando este filme futurista de culto y, se los juro, lo sigo disfrutando, más aún ahora que la inseguridad ciudadana pone en jaque a la población y la Policía Nacional los enfrenta en una lucha desigual. Esa noche me puse a pensar que con un par de robocops, uno para Lima y otro para el Callao, se acabarían los malditos ‘raqueteros’, ‘marcas’, sicarios, narcos y demás lacras. El filme se ubicaba en el nuevo siglo XXI, ‘en un futuro no muy lejano’. Se ambienta en la vieja ciudad de Detroit, emporio industrial automovilístico que se ve sumido por una creciente corrupción entre las autoridades del ayuntamiento, pero sobre todo, porque la delincuencia se ha apoderado de la antigua ciudad y los policías se ven incapacitados de enfrentar a gánsteres que cuentan con armamento pesado mientras ellos están mal pagados y sus integrantes caen como moscas ante las balas de los hampones. En ese contexto, los agentes inician una huelga, lo que agudiza todavía más el conflicto. El ayuntamiento aprovecha la oportunidad y firma un convenio con una gran corporación, la OCP, que pasará a encargarse de la seguridad de la ciudad y tendrá a su cargo a la policía.

La OCP planea destruir la vieja Detroit y construir un megaproyecto urbanístico, ‘Ciudad Delta’, donde la seguridad no recaiga en manos de policías comunes y corrientes, sino que sea controlada por robots. Sin embargo, en plena prueba ante el directorio de la OCP, el promotor de los policías robots, el siniestro Dick Jones, ve cómo su robot se desconfigura y mata a un infortunado gerente. Enfurecido, el presidente y director general de la corporación (Dan O’Herlihy) opta por un programa de cyborg, llamado ‘RoboCop’, dirigido por el joven y ambicioso yuppie Bob Morton (Miguel Ferrer). Dick Jones amenaza a Morton por haberlo dejado en ridículo. El programa “RoboCop” necesitaba a un policía muerto para poder fusionar las estructuras metálicas con el cuerpo humano. Justamente, Alex J. Murphy (Peter Weller), un carismático agente, amoroso marido y buen padre, quien patrullaba por la zona maleada de la ciudad con su compañera, Anne Lewis (Nancy Allen) es emboscado por la pandilla del ‘Caracol’ del viejo Detroit, Clarence Boddicker (Kurtwood Smith). Murphy muere y se convertirá en Robocop, pero en la transformación no ‘mataron’ todos sus recuerdos humanos. Robocop conserva recuerdos de amor filial, pero eso no le impide convertirse en robot justiciero y terror de los hampones de la ciudad. A medida que se vuelve una leyenda, su creador asciende a vicepresidente de la OCP, pero el malvado Dick Jones manda a un sicario y este muere de manera horrible. Con la cancha libre, Jones, con la ayuda del jefe del crimen organizado, ejecutan un plan para destruir a Robocop. Tráfico de armas, fábricas para la producción de cocaína, saqueos en las ciudades, violaciones, asesinatos... los malos son tan malos que hasta destruyen una tienda de discos con música de Bananarama. Solo Robocop puede lidiar contra tanta maldad en medio de una ciudad donde no hay estado y en ese libre albedrío, son las corporaciones las que controlan todo según sus intereses. Robocop fue considerada como una de las mejores películas de la década de los ochenta y en la ceremonia de los Oscar, en el año 1988, ganó dos estatuillas. Policías como Robocop ya no son vistos como parte de la ciencia ficción, sino como una necesidad. Superequipados y con valores superlativos: servir al bien común, proteger al inocente, preservar la ley. Apago el televisor.

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