Nadine Heredia y el comandante, la historia que no conocías (II)

El Búho, el columnista más leído del Perú, nos habla de la expareja presidencial.

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Este Búho recordaba ayer sus experiencias de reportero con candidatos presidenciales y sus parejas en campañas electorales, cuando luchaban por obtener el poder. Traía a la memoria la oportunidad que tuve de estar con Ollanta Humala y Nadine Heredia en el 2011, en Trujillo, cuando el comandante en retiro tenía un bajísimo porcentaje en intención de voto y pocos apostaban por él.

Desde allí noté que era Nadine quien mandaba y que su esposo obedecía. Pero su ambición de poder no tuvo límites. En política hay reglas básicas que vienen desde Maquiavelo, Fouché, Churchill. Nunca te rodees de enemigos. Con uno es suficiente y, si se puede, ninguno.

Nadine Heredia se convirtió en un ‘mono con metralleta’: primero enfiló sus baterías al Congreso, donde guillotinó a Omar Chehade hasta obligarlo a renunciar a la segunda vicepresidencia. ‘Tan difícil es caminar derecho’, tuiteó y demolió al congresista, cuyo hermano hizo lobby para una azucarera con la anuencia del nacionalista. Luego, fue ahuyentando uno a uno a los miembros de su bancada que no le rendían pleitesía, quedándose solo con los más ‘sobones’.

Paralelamente, se dedicó a manipular a los primeros ministros. Los que tuvieron pantalones y la enfrentaron, se fueron por la puerta falsa, hasta que logró su objetivo y puso de premier a su incondicional Ana Jara. Posteriormente, metió sus incisivos en la Cancillería e hizo nombrar a su obstetriz como ¡¡embajadora en Francia!! Una cachetada a los distinguidos diplomáticos de carrerra.

El presidente parecía estar pintado, tanto que sufrió un roche internacional cuando, en una visita oficial a Chile, donde solo el mandatario invitado debía caminar por la alfombra roja a recibir el saludo de su par, Nadine Heredia se entrometió y agarró del brazo a su esposo y caminó con él. El jefe de Protocolo la invitó a retirarse y la primera dama hizo un berrinche. Pero la gota que derramó el vaso fue que, sin tener ningún cargo público, comenzó a viajar a Brasil acompañando a ministros en misión oficial. Se reunía con Lula y con el canciller. Nadie sabía que no era ‘amor al chancho, sino a los chicharrones de feijao’ de la constructora coimera Odebrecht.

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Este Búho no se sorprende con las revelaciones del otrora ‘hombre fuerte’ de la constructora brasileña en el Perú: ‘Le entregamos tres millones de dólares a Nadine Heredia para la campaña de Ollanta Humala’. Lo que sí me extraña es que después de esa revelación, la Fiscalía Anticorrupción no haya dictado orden de captura. Total, al ‘Cholo’ Toledo, Barata lo incrimina pero especifica que la plata se la entregó a sus testaferros, los israelitas Avi Dan On y Josef Maiman, a través de sus cuentas, pero claro, dirigidas al presidente.

El caso de Nadine Heredia es mucho más grave porque por angurrienta, fue ella misma quien se reunió con Barata y el publicista Valdemir Garreta para recibir el billetón. Quedan como prueba las agendas de los brasileños, donde se especificaban montos para ‘OH’. Las agendas de Nadine también son ilustrativas, pues aparecen ingentes cantidades de dólares con los nombres ‘Marcelo’.

En las investigaciones de Lava Jato en Brasil y sus ramificaciones a varios países, la palabra de los funcionarios de la constructora es ley, pues se acogieron a la ‘delación premiada’ para librarse de condenas durísimas, por lo que no le deben lealtad a funcionarios y políticos corruptos que aceptaban sus dineros. Por eso pienso que Nadine Heredia está con la soga al cuello. Debido a esto, hace meses calculó fríamente obtener un empleo con rango diplomático de la FAO en Suiza y le dio poder a una prima para que saque a sus hijos al extranjero.

El único que parecía que se iba a fregar era Ollanta, que hasta puso el pecho por su esposa: ‘¡Yo era el jefe del partido y la responsabilidad de los fondos es mía!’. Ahora vemos que su defensa se desploma. La que chapaba la plata era Nadine Heredia. El ripio se lo daba a su hermano Ilan para que haga la finta de comprar banderolas y megáfonos con las austeras donaciones de los sufridos militantes nacionalistas.

¡Qué tales pillos! La plata que Odebrecht dio a Nadine Heredia nunca fue declarada a las autoridades electorales, como manda la ley. Allí hay otro delito de Nadine, Ollanta y el secretario de Economía, Ilan Heredia. Ahora se comprende cómo es que la mamá pasó de hacer movilidad escolar a comprarse un tremendo caserón de más de trescientos mil dólares en Surco. ¡Qué bonita familia! Apago el televisor.

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