Sin nada que perder

Nuestro columnista nos habla de film de hollywood.

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El Búho

Este Búho no puede dejar de comentar la reciente entrega de los Premios Óscar. No solo por el grosero error de los presentadores a la Mejor película: Warren Beatty y Faye Dunaway, la inolvidable pareja de ‘Bonnie and Clyde’. Warren dio como ganadora a ‘La la land’, cuando en realidad había vencido ‘Moonlight’. Este Búho, sin desmerecer una cinta arriesgada, protagonizada por afroamericanos y de temática gay, hubiese preferido que el premio a la Mejor película recaiga en el filme ‘Sin nada que perder’. Pero la Academia prefirió marcar un hito y galardonar a ‘Moonlight’ para darle una cachetada a la imagen machista de la administración de Donald Trump, enemigo declarado de Hollywood. Pero reitero, me hubiese gustado que la estatuilla vaya para la notable ‘Sin nada que perder’, que había recibido los mejores comentarios de todos, menos de los viejitos que conforman la masa mayoritaria de la Academia de Hollywood, que se habían derretido con el homenaje al cine clásico, a la ‘época dorada’ de su Hollywood querido de ‘La, la, land’. Con las justas incluyeron entre las nominadas al filme sucio, de bajísimo presupuesto, cuasi independiente, del escocés David Mackenzie, quien a sus cincuenta años nos presentó el mejor ‘thriller’ del año. Las actuaciones son superlativas.

Brillante el ‘viejo’ Jeff Bridges como un ‘Sheriff Ranger’ enfermo, al borde del retiro, que vegeta en un pueblito polvoriento de la mitad de los Estados Unidos que nos presentaron maestros como Sam Peckinpah, David Lynch o los hermanos Coen en ‘Sin lugar para los débiles’. Algo tiene en común el personaje de Bridges con el sheriff Tommy Lee Jones que debe lidiar con el psicópata Anton Chigurh (excelente Javier Bardem). Buscar ladrones de bancos que solo roban una sola entidad bancaria y sustraen billetes de veinte dólares para abajo, evitando coger fajos de mil dólares, porque saben que están marcados. ‘No son delincuentes comunes’, filosofa, mientras vacila durante los días en que persiguen a la pareja de criminales.

Los ladrones son otro caso. Texanos para los que la tierra vale mucho más que unos dólares por hectárea. Uno, el que se dedicó a mantenerla ante los abusivos y prepotentes funcionarios del banco mientras su madre agonizaba, Toby, quien no es criminal, pero quiere dejarle ese polvoriento y al parecer estéril rancho a sus hijos, después que su esposa se divorció de él y le hizo juicio por alimentos, pues no tenía chamba. El otro hermano, Tanner (extraordinaria actuación de Ben Foster), un asesino por naturaleza, carne de presidio que mató a su padre de un escopetazo, porque era abusivo y el crimen pasó como ‘un accidente’.

Este par son los ‘antihéroes’, una especie de Robin Hood en esta nueva Norteamérica que asistió al colapso de las hipotecas y vio cómo miles perdían sus propiedades, mientras los bancos eran salvados por el gobierno. Hay algo de ‘denuncia’ a la voracidad de las corporaciones y las entidades bancarias, pero también se muestra descarnadamente a un psicópata como Tanner, con todo su salvajismo, su racismo y su violencia contra los indios y las mujeres. Un prototipo de la ideología de los votantes blancos que le dieron el triunfo a Donald Trump.

La película te mantiene en vilo desde el principio hasta el final, que es sorprendente, salvaje, épico, inesperado. Creo que es una cinta premonitoria de lo que se le viene a Norteamérica, donde los ciudadanos de esos páramos no dudan en armarse hasta los dientes y buscan ejercer la justicia con sus propias manos. Pero allí está el viejo ranger para defender la ley y la legalidad. En las apuestas de Hollywood, el filme corre de atrás, pero no nos equivoquemos, tiene cuatro nominaciones: Mejor película, Mejor guión original, Mejor actor de reparto (Bridges) y Mejor montaje. En estos tiempos en que no abundan películas admirables en la cartelera local, recomiendo esta cinta que nos demuestra que todavía se hace buen cine, como este Mackenzie, de quien espero que siga regalándonos estas joyitas que seguro se convertirán en clásicas al pasar de los años. Apago el televisor.