¡Piura en emergencia! El 'Búho' habla claro sobre el desastre en el norte

El 'Búho' sigue comentando la situación que vive Piura por las lluvias e inundaciones.

Piura sigue sufriendo.

Piura sigue sufriendo.

Piura sigue sufriendo.

Este Búho lee las cifras sobre los daños causados por el fenómeno de ‘El Niño Costero’ en el país, y se le pone la piel de gallina: 97 muertos, 124 mil damnificados, 800 mil afectados por el desastre. Y miles está en la región Piura. Las inundaciones en la ciudad no han distinguido estratos sociales, pues han quedado anegadas urbanizaciones residenciales como El Golf, donde la casa del alcalde Óscar Miranda está aislada por las aguas, igual que los precarios asentamientos humanos. Pero pueblos como Morropón y Catacaos han sufrido los mayores embates. 

Fue justamente en este último, ante la inundación de toda la ciudad de Piura, más el apagón y la falta de asistencia de las autoridades, donde se produjeron desmanes y saqueos. Se convirtió en tierra de nadie porque el Gobierno se demoró en ordenar que, aparte de la Policía, también las Fuerzas Armadas se encarguen de prestar asistencia a los damnificados y de garantizar el orden, pues situaciones extremas como estas son aprovechadas por delincuentes para hacer de las suyas, pero sobre todo por gente desesperada que lo ha perdido todo y no tiene para dar de comer a sus hijos. 

¿Se imaginan a un padre de familia de Catacaos con el agua hasta el cuello y sus hijitos al hombro en la madrugada, sin luz, sin agua, sin comida y en medio de la nada? El desborde total del río Piura estaba anunciado. Las autoridades ni siquiera alistaron los refugios necesarios, pues el lunes en que se produjo el desastre, nadie sabía adónde ir a protegerse. Son más de diez mil personas que necesitan un lugar para dormir, alimentarse, hasta que las aguas bajen y se drenen. Eso recién se está implementando. 

Piura

Rescate gestante

Pareciera que los arriesgados reporteros de televisión saben mejor que las autoridades civiles y militares sobre los damnificados y las zonas de mayor desastre, y eso es inadmisible para un Gobierno que no calculó la crisis y que mandó a sus ayayeros de las redes a difundir: ‘ahora sí se siente el Estado’. Después de la inundación total de la cuidad de Piura y otros pueblos, me imagino que trabajarán sin soberbia, olvidarán la foto y los autobombos, y cesarán las ‘franeleadas’ por encargo, que no caben en una situación de extrema emergencia.

El reclamo de la población, que es lo que debe importarle a las autoridades, es que la ayuda llegue lo antes posible. Pero eso en Piura, por ejemplo, no se está dando, como denuncia la congresista Karla Schaefer. Resulta que es la Contraloría la que debe dar el visto bueno para que se repartan las donaciones que están almacenadas, pero los veedores de la entidad ponen muchas trabas y obligan a llenar formularios para poder retirar las provisiones. La Contraloría se defiende diciendo que es la Presidencia del Consejo de Ministros la que les entregó esos formularios con los requisitos exigidos. Schaefer dice que esos formularios fueron empleados para los damnificados del terremoto de Pisco, donde la situación era diferente. Hablamos de miles de niños y adultos que urgen ayuda ya mismo.

Este columnista se lamenta que en el Perú, toda la vida suceda lo mismo: toneladas de comida, ropa, medicinas, carpas y frazadas se mosquean en los depósitos y no llegan -y me temo que mucha de esa donación nunca llegará- a los damnificados que lo han perdido todo. Cuando veo a una afanosa Keiko Fujimori y su hermano Kenji llevando donaciones con un signo de ‘voto 2021’ en la frente, me pregunto si siguen hablando por teléfono con su tía Rosa Fujimori, prófuga en Japón por apropiarse y vender la ropa donada por ese país para los damnificados del friaje. 

En medio de tanta desgracia, la selección peruana nos dio una alegría para mitigar un poquito tanta desdicha y frustración. Pero con los goles de Guerrero no van a comer los niños hambrientos y sedientos de Catacaos y Morropón. El Gobierno piensa en ‘reconstrucción’ de Piura, evalúan los costos con ojos expectantes, pero olvidan que antes de pensar en lo que costará y quién dirigirá este proceso, deberían meditar primero en cómo van a aliviar las penurias que pasan miles de damnificados, no mañana ni pasado, sino hoy, mientras escribo esta columna. Apago el televisor.