Salman Rushdie de 'Los versos satánicos': el escritor que vive escondido [VIDEO]

Nuestro columnista nos cuenta el inusual caso de Salman Rushdie, un escritor que fue condenado por publicar una novela.

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Salman Rushdie publicó una novela que provocó la ira en el mundo musulmán. 

¿Quién es Salman Rushdie? Este Búho no puede creer que hace unos meses se cumplieron veintiocho años de una fecha nefasta. Mientras las parejas de enamorados de todo el mundo sellaban con abrazos, besos y encuentros más encendidos el ‘Día el Amor’, un fatídico 14 de febrero de 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeini, líder religioso iraní, dio al escritor indio nacionalizado británico Salman Rushdie la sentencia de muerte mediante el siniestro edicto religioso ‘fatwa’, por haber publicado su cuarta novela titulada ‘Los versos satánicos’, a la que calificó de ‘blasfema y apóstata’. Con esta ley, cualquiera que profesara la religión musulmana estaba en la obligación de asesinar al autor de la ‘obra demoniaca’ y con ello accedería al paraíso, al lado de Alá. Este fenómeno no solo se extendió por el lado religioso, sino también por el político. La obra fue prohibida por los gobiernos de la India, Arabia Saudita, Egipto, Indonesia y Somalia, entre otros más. Para desgracia del escritor, la ley, además de ofrecer la espiritual obtención del paraíso celestial, otorgaba un premio más terrenal. El ayatolá ofrecía un millón de dólares americanos para quien ‘mandara al infierno a Rushdie’. Al día siguiente de la terrorífica ‘sentencia’, el gobierno inglés asumió oficialmente la seguridad del novelista, mientras el alucinado Jomeini aumentaba la recompensa a ¡dos millones ochocientos mil dólares, pagaderos al portador! El novelista vivió cerca de diez años en la más absoluta clandestinidad, hasta 1998, fecha en la que recién comenzó a aparecer, en contadas ocasiones, en público. Menos suerte tuvieron personajes involucrados en la etapa de producción de la novela. Dos traductores de la primera edición, el japonés Hitoshi Igarashi murió apuñalado en Tokio y el italiano Ettore Capriolo fue golpeado y acuchillado en Milán por musulmanes, mientras el editor de la obra, William Nygaard, terminó baleado en Noruega. Pero lo peor sucedería en Turquía. En una marcha de musulmanes radicales contra la obra de Salman, lanzaron bombas a un local, desatando un pavoroso incendio que causó la muerte de 39 personas. El terror ante las represalias de recalcitrantes activistas musulmanes contra quienes osen trabajar en su edición y publicación hizo que en ediciones españolas se omitiera el nombre del traductor.

Salman Rushdie no puede vivir en paz. Los ataques terroristas yihadistas en el Reino Unido van a tener en la mira al novelista indio-británico. Los militantes del ISIS quieren demostrar que son más ‘eficaces’ que los terroristas iraníes del ayatolá. Pero ¿son ‘Los versos satánicos’ una novela tan blasfema, como sostienen los líderes del mundo musulmán? La indignación del islamismo no es ante todo el libro, sino por el capítulo donde sienten que Rushdie se burla de Mahoma. Los protagonistas de la novela son como el agua y el aceite. Gibreel es un actor ‘bollywoodense’ que encarna al hombre respetuoso de la religión y las tradiciones de su país, pero pasa por un período de indefinición y termina por abandonar su carrera. Saladin es todo lo contrario. Quiere alejarse de su país, de sus valores y todo lo que ello representa. Admira el conservadurismo inglés en su forma más rancia. Es tan arribista que la única manera de disolverse y anular sus genes indios es casándose con la hija de un vetusto exponente de la antigua y decadante estirpe victoriana. Por ironías del destino, ambos coinciden en un vuelo comercial cuando un grupo terrorista hace estallar una bomba. Increíblemente los dos sobreviven y caen en una playa. A Gibreel, el respetuoso de su religión musulmana, le han salido cascos de toro, cachos y una cola demoníaca; mientras que el aculturado Saladin se ve rodeado por una aureola celestial, como el arcángel Gabriel. A partir de ahí se suscita una lucha entre ambos. Uno, por recuperar su condición humana mientras culpa al otro de su situación, a la vez que el último trata de transformar el mundo. Al leer esta sobrecogedora novela que tiene muchísimo más que un capítulo referido a Mahoma, uno se imagina cómo fue su vida durante esos años en los que vivió en su casa prácticamente escondido y protegido por agentes de Scotland Yard, algunos de los cuales lo odiaban porque sentían que no merecía que el gobierno británico destine tantos policías a alguien que ‘no hizo nada por el país’. Para responder esas interrogantes publicó sus memorias tituladas ‘Joseph Anton’, que empiezan de manera brutal cuando una periodista de la BBC de Londres lo llama aquella mañana de febrero, Día de San Valentín, y le pregunta: ‘¿Qué siente uno al saber que el ayatolá Jomeini lo ha condenado a muerte?’, a lo que él contestó: ‘Que soy hombre muerto’. La capital británica había amanecido soleada aquel 14 de febrero, pero esa pregunta extinguió toda luz. Gracias a Dios, después de la tormenta, el astro rey siguió saliendo para un escritor que anuncia para setiembre una nueva novela, ‘The Golden House’, ambientada en Estados Unidos, y me imagino que será algo ‘satánica’ porque tiene entre sus protagonistas al nuevo ayatolá gringo: un fanfarrón, avasallador, cuya palabra es ley y que se maquilla y se pone un zorrillo muerto en la cabeza. Sí, Donald Trump. Apago el televisor.

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