El Chato Matta llegó al restaurante por su cebichito de corvinilla y un arrocito con mariscos. “María, me timbró el famoso doctor Chotillo, el cirujano de las estrellas. ‘Chatito -me contó-, estábamos tomando un roncito Cartavio X0, cuando de repente sonó el celular de Pancholón. Eran las terribles de San Martín, Marujita y Ani, dos primas que son de avance y se ‘regalan’ en una con todas las cremas. Estaban bien a los tacos, jean apretadito, casaca ceñida, tinte rubio y colorete rojo. Querían ir a bailar. Pancholón se muñequeó, pues su mujer ahora lo marca cada 5 minutos por wasap y me dijo: ‘Hijo, vaya usted. Cuide a mi personal. Yo llego más tarde’. Fui a recogerlas en mi camioneta y la pasamos bacán, liquidamos hasta las 4 de la madrugada y, después, fui a dejarlas a su casa. Allí empezaron los problemas. Cuando le dije a Marujita que suba al carro, la diablita que se encierra con Pancholón -en La Posada- me agarró la mano y me la sobó cariñosamente. Apenas llegamos a la puerta de su casa, ella le dijo a Ani, su prima hermana, ‘anda subiendo que voy a comprar un sanguchón con el doctor. Regreso al toque’.

Capté el mensaje en una, así que en el camino le dije: ‘Marujita, te invito unas chelitas a solas para bajarla. Este secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá...’. ‘Chotillo -me respondió-, tú tienes tu mujer, que es muy guapa, pero yo sé que me tienes ganas hace tiempo y me voy a darme un gustito contigo. Pancho es enfermo de los celos, así que si hablas, mueres para mí. Además, lo voy a negar todo. Vamos a un lugar privado y saliendo de allí, perdemos la memoria’. Chotillo estaba emocionado con su relato. Le brillaban los ojos. Chatito, fue la mejor noche desde hace años. Ella era experta como la había imaginado y, en ese momento, hasta me olvidé de mi escultural Mery. Pero, al día siguiente, recibí tempranito la llamada de Pancholón que me decía: ‘Causa, así no es...’. Parece que un ‘zapato roto’ nos vio entrar al hostal de los infieles y la fulera, cuando la encararon, le contó otra versión. Que yo la había ‘pepeado’ y llevado con engaños. ‘¿Fue así o no?’, me cuadró Pancho. ‘Qué pasa, Panchito, tranquilo. Tú mismo escueleas a la gente y repites a tus discípulos que la casa es sagrada, se respeta, pero la pampa es para todos’. Incluso lo escribiste en tu famoso ‘Decálogo del tramposo’. Ahí, el gordito se bajó. Me llevó al bar de Felipe, puso ‘Con la misma moneda’ de Josimar y su Yambú en la rocola y me invitó dos chelitas. ‘Chotillo, tú eres varón y te entiendo. Te partí una vez con La Burrier, así que no tengo derecho a reclamar nada’. Yo, caballero, le besé la mano como a Vito Corleone en ‘El padrino’, me persigné y le dije: ‘Panchito, no vale picarse. Usted es mejor que el maestro gurú de la película ‘Las siete semillas’”. Pucha, esos amigos del Chato Matta son de lo peor y, encima, están con las mismas mujeres. Ojalá usen preservativo. Me voy, cuídense.

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