Pancholón: El Chato Matta y Aventura

El Chato Matta, compinche de Pancholón, nos cuenta una vivencia. 

La tía del Chato

El Chato Matta cuenta una de las últimas de Pancholón.

El Chato Matta cuenta una de las últimas de Pancholón.

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Pancholón

El Chato Matta llegó al restaurante por su bufé criollo con olluquito, cau cau, carapulcra, ají de gallina, ceviche y arroz blanco bien graneadito. Para calmar la sed se pidió una jarrita de chicha morada. “María, desde hace tiempo estoy tranquilo. A veces prefiero ni contestar mi celular. Cuando me separé de la mamá de mis hijos, me sumergí en una vorágine de trago y mujeres junto a Pancholón. Al principio bacán, me sentía libre, La Posada era como mi segundo hogar, pero al final terminaba triste y vacío como diría el gran Héctor Lavoe. Un tiempo me sentí tan mal que busqué a Ana, pero ella ya estaba con otro. Nos citamos y me cantó ese gran tema de Juan Gabriel que era interpretada por Isabel Pantoja, ‘Así fue’. ‘Soy honesta con él y contigo/ A él lo quiero y a ti te he olvidado/Si tú quieres seremos amigos/ Yo te ayudo a olvidar el pasado ...’. Me dieron de mi propia medicina. Me lo tenía bien merecido. Pasé por una época de turbulencias. No me fue bien en mi matrimonio, creo que también por mi mala cabeza. Pero los años pasan y uno, tarde o temprano, tiene que sentar cabeza.

Pancholón

Regresé a la casa de mi viejita en San Juan de Lurigancho. Me dediqué a trabajar para darle todo a mis ‘cachorros’. Hace dos semanas me pararon para una carrerita cerca al Mall Aventura. Era una muchacha alta, con botas, un pantalón pegadito, una casaquita de cuero y un body que mostraban dos montes perfectos en el pecho. Yo estaba escuchando un CD de Julio Iglesias. Tú sabes que siempre fui hincha del español. Le dije ‘señorita, me va a pagar con sencillo o si no para cambiar en el grifo’. La muchacha me dijo: ‘¿Chato, Chato Matta?’. ‘Sí, yo soy’, dije y la miré por el espejo retrovisor. ‘¡¡Soy Evelyn, la hermana de Patty, tu enamorada del ministerio!!’. Patty... qué cosas, cuando estaba de enamorado con su hermana, ella tenía nueve añitos y la llevábamos al Parque del las Leyendas. ‘Chato, qué gusto. No he almorzado, te invito a comer un pollito a la brasa, así como antes me invitabas’. Evelyn ahora tiene veintisiete años. Era administradora de dos spas en San Isidro y Miraflores. Con razón estaba tan guapa y con ese cabello lacio como me gusta. Me sorprendió y pidió un pisco sour. Yo tomé juguito porque estaba manejando. La conversación duró más de la cuenta y ella pedía otro y otro coctel. Me contó que tenía novio, un tipo con negocios en importación. ‘Pero es un atorrante, cree que todo lo compra el dinero’. Se puso a llorar en mi hombro y nos dimos un beso prolongado. Recuperé la cordura, ‘tarifé’ a esa chica y vi que se me iba a pegar feo. La llevé a su casa, pese a que me dijo para ir a un lugar más privado. Estaba bien picada. Nos despedimos y ella me dijo que me iba a llamar. El fin de semana me invitó a Paracas, pues Juan Carlos, su novio, se había ido a Miami por negocios. Le dije que no. Luego comenzó el acoso, me llamaba todos los días, a cada rato. Se estaba obsesionando. Ella tenía otro estilo de vida. Nunca se iba a acostumbrar a mí. Me gustaba mucho, pero no podía perder la cabeza por ella. Ya estoy viejo para esas cosas”. Pucha, ese Chato tiene sus cositas. Me voy, cuídense.