Las redes sociales

El fotógrafo Gary hace una reflexión sobre el propósito de las redes sociales. 

Seño María

Seño María

Seño María

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo al jugo con papitas doradas, arroz blanco, perejil picado encima y una chicha morada fresquecita.

“María, la inmediatez de las redes sociales, como Twitter o Facebook, está cambiando muchas de nuestras costumbres casi sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, es un poderoso y tan eficaz medio de información que prácticamente no hay institución pública o empresa privada importante que no tenga cuenta en las redes para dar a conocer noticias, novedades y hasta denuncias.

El mismo Vaticano informó al mundo con un ‘tuit’ el nombramiento del nuevo Papa en marzo del 2013: ‘Habemus Papam Franciscum’. Y hasta utilizó graciosos emoticones que simbolizaban abrazos. No solo se conformó con la tradicional ‘fumata blanca’ que salió de la chimenea de la Capilla Sixtina. En la revolución de Egipto, en el 2011, uno de los mayores acontecimientos del siglo XXI, Twitter y Facebook jugaron un papel vital en la organización de las protestas de cientos de miles de jóvenes. Uno de los manifestantes de esos días señalaba: ‘Usamos Facebook para concertar las protestas, Twitter para coordinarlas y YouTube para mostrarlas al mundo’. Las redes sociales tienen poder por su inmediatez, por su alcance (cada día más personas tienen tablets, computadoras, smartphones) y por su capacidad de generar conversaciones instantáneas sobre cualquier tema.

Pero estas ventajas pueden ser, al mismo tiempo, una desventaja si las redes sociales no son bien usadas. El último ejemplo es el expectorado congresista de Peruanos por el Kambio, Roberto Vieira, en cuya cuenta de Twitter calificó a la segunda vicepresidenta Mercedes Aráoz como ‘cortesana todopoderosa’, porque recibió al presidente Barack Obama en la cumbre APEC y, además, por hacerlo con su hija. De inmediato, Vieira recibió una avalancha de críticas e insultos por las mismas redes que en poco tiempo tuvo que borrar su vergonzoso mensaje, redactar otros asegurando que respeta a las mujeres y, finalmente, salir en televisión jurando que él no insultó a nadie, sino que gente de su equipo de prensa es la responsable. Pero el daño ya estaba hecho y hoy su imagen está por los suelos.

La tentación de escribir mensajes de manera espontánea, casi sin pensar, es grande, con lo que aumenta el riesgo de realizar comentarios inapropiados. La enseñanza es que no se pueden utilizar las redes sociales como las paredes del baño del Estadio Nacional, es decir, no se debe escribir con el hígado. Hay que tomarse un tiempo para meditar y hacerlo con responsabilidad”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

Roberto Vieira