Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un chaufita de mariscos y pescado con cremas, rocotito y, para tomar, un emoliente al tiempo. “María, estamos en y ojalá que con la cuarentena que va desde mañana jueves al domingo la delincuencia nos dé un respiro. Porque el país estará en crisis por la pandemia, con miles de personas muriendo y muchísimas más contagiándose con las nuevas variantes del virus, que al parecer son más letales, pero los ataques de rateros y asesinos están en aumento.

En realidad, ya se sabía que esto ocurriría, no es ninguna sorpresa, pues los expertos en seguridad que Trome consultó hace meses y semanas lo advirtieron reiteradas veces: La grave crisis económica provocada por la pandemia, con más de dos millones de personas que perdieron el empleo, y la llegada de los peores criminales extranjeros, provocaría el incremento de delitos en número y violencia.

Los hampones cada vez son más sanguinarios, pues no tienen reparos en disparar a matar a cualquiera por un celular o una mochila. Hoy es común que estas lacras encañonen a niños y mujeres para arrebatarles el celular. También hay un preocupante aumento de crímenes por sicariato.

Todos los días alguien muere baleado por pistoleros en moto que se ensañan con su víctima y huyen sin robarle nada. ¿Qué hacer ante esta grave crisis de inseguridad que padecemos todos los peruanos? Los expertos coinciden en que la capacidad de la Policía ha sido superada hace mucho, pues la cantidad de delincuentes es enorme.

El Perú está en emergencia y es el momento de que las apoyen en la lucha contra los criminales. Muchos se oponen a esta drástica medida, pues señalan que la única fuerza encargada de la seguridad ciudadana, por ley, es la Policía, y que los militares están preparados para la guerra, no para lidiar con civiles. Nadie discute eso. Pero repito, estamos en una situación de emergencia y los grandes males urgen de grandes soluciones.

Está probado que los delincuentes temen a los militares, como se demostró cuando al comienzo del estado de emergencia los soldados salieron a las calles. El número de actos delictivos bajó bastante. Es cierto que los militares están formados para el combate, pero el país hoy libra una guerra sangrienta contra la delincuencia.

Una parte de nuestros soldados pueden ser capacitados para lidiar con los criminales. Su actuación sería transitoria, pues debería durar lo que se tarde el Estado en fortalecer a la Policía, en ponerla a punto. Lo que no podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados tan tranquilos mientras los peruanos son asesinados por rateros y gatilleros. ¿Cuántas familias más deben quedar de luto para actuar?”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.


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