|
Algunos salseros se han molestado porque este Búho afirmó que la película 'El cantante' de Marc Anthony y Jennifer López le hace un favor al maestro. En primer lugar, el solo hecho de filmar una cinta para un mercado como el norteamericano, donde la figura de Héctor -hay que decirlo- es casi desconocida, es bastante. Si el filme estuvo en el puesto doce de la taquilla estadounidense, compitiendo con las cintas de los grandes estudios es, a no dudarlo, por la imagen de la cantante y actriz, quien sí es figura en Hollywood. Pero la película por consideración no presenta, en el ocaso de su vida, el terrible calvario que vivió 'el cantante de los cantantes' en la vida real. Su gran amigo, Hugo Abele, cuenta que el departamento de Héctor estaba saqueado cuando lo encontró, un mes antes de que falleciera. Hasta el negro David Segura, un tipo que vivió con él al final y lucraba consiguiéndole degradantes entrevistas exclusivas como en 'Ocurrió así', también lo abandonó. Enfermo de Sida, con diarreas, no había quién le cambiara los pañales. Así lo llevaron al hospital y así murió, solo, abandonado. Nada de eso se ve en la película porque los productores no quisieron mostrar la parte más terrible de su calvario final. Por lo tanto, los salseros no deben molestarse si se tocan partes fundamentales. Hay momentos muy bien logrados en esta biografía del gran Héctor. Ese concierto en una calle de Puerto Rico, entonando 'Mi gente', es memorable, idéntico al que se vivió en la realidad, con un Johnny Pacheco y un Willie Colón que parecen los verdaderos. Allí también se luce Marc Anthony, quien parece poseído por el espíritu del gran Lavoe. Lo que sí se les escapa a los productores, es revelar el papel siniestro de la mafia enquistada en la Fania. Jerry Massuci y Ralph Mercado lucraron de manera inmisericorde con Héctor. Toleraron sus excesos porque al estar drogado y fuera de la realidad, el cantante nunca supo hacer valer sus derechos y cobraba miserias, pues le pagaban cuando estaba en estado calamitoso. Su mujer, 'Puchi', hacía lo mismo. Él sólo era feliz con el público. Por eso revivió aquellos seis días en Lima, en la Feria del Hogar. Hugo Abele lo alojó en la casa de sus padres y lo cuidaron. El gordo se juergueó con el maestro y le presentó a 'mujeres de la vida', como llamaba Héctor a las chicas de la calle. Nunca fue más feliz, pero regresó a Nueva York y volvió a las garras de los mercaderes y de una esposa interesada, quien -para colmo- le robaba la coca para consumirla ella o venderla en la calle. Con la muerte de su hijo, Lavoe se quedó sin alma, sin voz. Estaba muerto mucho antes de esa fatídica mañana de 1993. Apago el televisor.
|