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Este Búho estaba chibolo en aquel fatídico 31 de mayo de 1970. Acababa de terminar el partido de inauguración del Mundial de México 70, entre México y Rusia. Estaba a punto de salir a jugar, desde el cuarto piso de un edificio de la Unidad Vecinal Mirones, cuando un violento terremoto nos hizo tambalear en el pasadizo. Como siempre, mi viejo nunca nos dejaba bajar por la escalera en un temblor. Bajo la puerta, todos juntos, mis hermanos pequeños y mi madre esperábamos que pasara el sismo para recién ir al primer piso, pero el movimiento telúrico no terminaba. Siempre las vecinas lloraban y no faltaba quien gritara ¡¡Aplaca tu ira, Señor!!, pero los mayores ruegos eran a 'San, Martincito, Santa Rosa y la Virgen María'. Esa tarde no salimos y nos quedamos en la cama de mis viejos viendo la tele y escuchando las noticias. ¡¡Desapareció Yungay y Ranrahirca!! ¡¡Setenta mil muertos!! ¡¡Desapareció el Callejón de Huaylas!! Confieso con cierto pudor que a los seis años, muchos de nosotros pensábamos que había desaparecido un callejón de alguna calle de Lima, ésos de un solo caño. Nos horrorizamos cuando explicaban que varias ciudades del 'Callejón de Huaylas', en Áncash, habían quedado destruidas. Pese a la tragedia, el país estaba pendiente del partido entre el Perú y Bulgaria por el mundial. Era el 3 de junio y muchos jugadores estaban muy nerviosos, sobre todo el arquero Luis Rubiños, cuya familia es de Trujillo y algún despistado le dijo: 'Lucho, Trujillo desapareció'. Esa tarde, el Perú salió con un crespón negro por las víctimas del terremoto y el arquero fue una 'mazamorra', pero ganamos con gran reacción 3 a 2. Este sábado, la selección Sub 17 debuta en un Mundial. Justo días antes se produce, también, un terrible sismo en el Perú, que ya lleva cobrando muchas víctimas. Los 'Jotitas' están preocupados y ya el técnico J.J. Oré anunció que van a jugar con crespones negros en señal de duelo. ¿Se repetirá un triunfo peruano para darle alegría al país, triste por la adversidad de la naturaleza? Pero este Búho, que también vivió el terremoto de 1974 en un cuarto piso, esta vez lo agarró en el piso siete de un antiguo edificio del centro de Lima. Pero, ahora, éste fue mucho más largo y de allí la angustia de la población. Debemos acostumbrarnos, pues fuimos y seremos un país de temblores. Apago el televisor.
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