Domingo, 2 de setiembre de 2007
Ayuda sin negocio
Por: El Búho
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  • El presidente Alan García, desde que abrió la boca para hablar sobre la terrible catástrofe que dejó el terremoto, lo hizo para lanzarse al mar del error y la equivocación. Patinó al minimizar el sismo y en el número de víctimas. Debió transmitir un mensaje de aliento y seguridad, pero no mostrarse confiado. Durante su estadía en Pisco su actuación fue peor, a sabiendas de la magnitud de la tragedia y la destrucción, restó importancia a los saqueos y la hambruna en la que estaban sumidos la mayoría de los damnificados. Nunca se atrevió a salir del aeropuerto, las bases militares y la Plaza de Armas de Pisco. Grave error. O mejor dicho, sabía que allí, ante las cámaras de TV, los pobladores enardecidos le hubiesen reclamado ayuda urgente. Por eso, ahora causa viva indignación saber que, en algunas municipalidades, funcionarios sinvergüenzas se llevaron los víveres a sus casas. Tan atenta estaba la ciudadanía con el desatino de las donaciones, que cada vecino o transeúnte se convirtió en un celoso vigilante. Por eso, así esos rateros actuaran de madrugada, siempre hubo un ojo ciudadano que alertó a las autoridades. Pero la última metida de pata de Alan fue cuando se convirtió en 'promotor' de espectáculos para el sur. La idea no estaba mal, pero es el menos indicado para hacerlo. Antes de convertirse en un Nílver Huárac -o mejor dicho, en un Augusto Ferrando- hubiese sido mejor si fiscalizaba que las donaciones no se mosquearan en Lima y partan de inmediato al sur. Y todavía seleccionó a un cantante, quien ni sonso comprometió públicamente a su patrocinador, una de las empresa que será investigada por las fallas de telefonía después del movimiento telúrico. De repente las investigaciones pueden encontrarlos responsables, sin embargo, no resulta ético que compañías que aparezcan como auspiciadores de un concierto en pro de las víctimas. Que los cantantes colaboren sin condicionamientos. Los grandes conciertos de solidaridad como 'Live Aid' se hicieron bajo un inmenso cartel que sólo tenía el logo del festival y no hubo ninguna estrella como David Bowie, Bruce Springsteen, Queen, Madonna o Paul McCartney, que negociara su participación si su patrocinador organizaba el festival. Apago el televisor.
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