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No podemos ser mezquinos con Alejandro Guerrero. En sus inicios, el 'barbón' marcó diferencias con los reporteros 'estrellas' de esos tiempos, como Vicky Peláez o Mario Guimarey. Hizo muy buenos reportajes. Con un estilo, a veces, peliculinero, el periodista supo hacerse de un nombre en el periodismo televisivo. Pero una sombra manchó su imagen de reportero estrella. Una investigación periodística, lo responsabilizó de 'armar' un operativo policial contra los huaqueros de las tumbas de Sipán. Los mismos policías denunciaron que, una madrugada, el 'barbón' llegó a sacarlos para que detengan a los huaqueros. Como no le hacían caso, hizo una llamada y un general los obligó a obedecerle al reportero y todavía les exigió 'realismo'. El 'operativo' fue totalmente armado por Guerrero -quien en esa época ya comenzaba a transformarse en lo que sería después, 'Alejandro el guerrero', la genial imitación de Jorge Benavides.
Allí cavó su tumba. Su credibilidad y prestigio se fueron al piso. Ya sin remordimientos ni obligaciones éticas, se convirtió en un periodista 'gatillero'. En 1992 hizo un escandaloso reportaje, luego del golpe de Estado del 5 de abril, justiffiifificando la dictadura fujimorista y presentando las 'pruebas'. Iban a 'asesinar' al presidente Alberto Fujimori, y culpaba a los generales constitucionalistas, entre ellos, Jaime Salinas Sedó. Inclusive sacó un papelito sucio y un rifflle viejo para decir que eran las 'pruebas' del supuesto 'magnicidio'. Había dejado de ser el periodista de investigación, para convertirse en un escriba asalariado. En la era de Ernesto Schütz se refugió en sus reportajes ecológicos. Pero nadie imaginó que terminaría siendo un incondicional ayayero de Genaro. En momentos en que todo el canal decidió parar, él sólo se batió por su patrón. ¿Lo habían clonado? Los niños lo veían con legañas reemplazando a Gunter Rave en 'Buenos días, Perú'. Al mediodía ya no vimos los cachetes de la buenamoza Giovanna Constantino ¡sino las barbas de Alejandro! Y en la noche, la guapa Marisol García dio paso a ¡horror! ¡el barbón! Solo, atrás no había soporte periodístico, sino un colchón ajado, donde 'el guerrero' pestañea con un ojo abierto. No vaya a ser que 'el zar de las telecomunicaciones' lo llame desde un chip instalado en el lomo de una pulga del colchón y lo pesque roncando. Apago el televisor.
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