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Este Búho no puede controlar la emoción. Después de años, volvimos a vivir esas jornadas deportivas heroicas, como las que nos hicieron gozar las chicas del vóley. Igual nos levantábamos de madrugada para gozar con las narraciones del gran don Lucho Izusqui -siempre se le recuerda, maestro- durante las olimpiadas con el vóley. El triunfo de los 'Jotitas' me hizo ingresar al túnel del tiempo, cuando con mi mancha de la Unidad Mirones, gorreábamos la TV a color de una vecina buena gente viendo el Perú-Escocia en el Mundial del 78. El país se unía ante un triunfo. Luego vino la sequía deportiva. No hubo renovación en el vóley. El fútbol se hundió, en parte, por unos dirigentes comechados que privilegiaron sus intereses personales: Delfino y Burga mataron la ilusión del pueblo y los futbolistas se refugiaron en los mullidos senos de vedetuchas tramposas del montón. Hasta un entrenador como Uribe se comportó peor que los desubicados y se escapó del hotel a rumbear luego de una derrota. Pero no todo podía ser desgracia. Surgió una nueva generación, bien encaminada con un futbolista que fue ejemplar, como J.J. Oré. Goleador de goleadores (recuerden el tanto de la 'U' a Peñarol en 1974 en Lima, que nos clasificó a la siguiente ronda de la Libertadores). A estos chicos, nadie les daba bola. Con decirles que en el torneo clasificatorio al Mundial en Ecuador, Manuel Burga brilló por su ausencia. Claro, no había hoteles cinco estrellas en las sedes. Allí clasificó Perú y me alegra que un equipo de Trome estuvo, incluso, antes que llegaran los futbolistas. Los hicimos conocidos. Fernando 'Vocha' Dávila contaba, día a día, cómo eran los Manco, 'Huevito' Ruiz, el 'Gato volador' Hermoza o el serio La Torre. A todos los unía una convicción: dar un lauro al Perú. Pese a su juventud, eran claros en sostener que no los iban a pescar borrachos o con vedettes. Son diferentes. Uno escucha hablar a sus padres y ve parejas unidas, orgullosas de sus hijos. Inclusive muy pendientes de su educación. En eso, tal vez radica la fuerza anímica y el temple de estos muchachos, saben que primero tienen una gran familia detrás suyo que los aliente y está pendiente de sus triunfos. Y, luego, está todo el Perú. Por eso cantan a todo pulmón el himno patrio. Qué distinto al 'Cóndor' Mendoza que se reía y mascaba chicle. Podrán perder en lo futbolístico, pero son campeones en el orgullo, la actitud ganadora. Nos dieron un ejemplo. Con trabajo, esfuerzo. ¡Sí se puede! Gracias, muchachos. Apago el televisor.
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